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La alegría cotidiana: El placer de los pequeños placeres en nuestra rutina diaria



Cristina Arribas

24/04/2024

En medio de nuestras vidas ocupadas y llenas de responsabilidades, a menudo nos perdemos en la prisa diaria y nos olvidamos de disfrutar de las pequeñas alegrías que nos rodean. Pero, ¿qué pasaría si tomáramos un momento para detenernos y apreciar los pequeños placeres que nos ofrece la vida cotidiana? Desde perderse en las páginas de un buen libro en el tren hasta sentir el abrazo cálido de un amigo que hace tiempo que no ves, estos momentos simples tienen el poder de alegrar nuestro día y cambiar nuestra forma de ver las cosas.



Foto de Danilo Rios en Unsplash
Foto de Danilo Rios en Unsplash
Hace unos meses tuve la oportunidad de visitar a una amiga muy importante para mí que vive en Tenerife, y ello me hizo darme cuenta de la importancia de tomarse las cosas con más calma, con un ritmo más lento para poder apreciar lo bonito de cada día.

En las grandes ciudades a menudo tendemos a caminar con prisa, de forma inconsciente, con un ritmo rápido y acelerado, a veces incluso parece que vamos enfadados con todo lo que nos rodea: he tenido un mal día en el trabajo, voy a llegar tarde a tal sitio...

En aquel viaje pude ralentizar mi ritmo y poder agradecer esa amabilidad y cariño tan necesarios. Fue entonces cuando me detuve y pensé: No hay prisa.
 
Vivimos en un mundo obsesionado con la productividad y el éxito y a menudo pasamos por alto la belleza de los pequeños momentos que conforman nuestra vida cotidiana. Sobre el mundo de las grandes empresas donde, en muchas ocasiones, las cifras parecen más importantes que las personas. Ello nos lleva a sufrir más presión y, por tanto, a vivir más estresados, cansados y sin alegría.

Sin embargo, hay pequeños rayos de luz, pequeños hábitos del día a día que nos brindan calma y felicidad, de esos que nos conectan con nuestro interior y nos recuerdan la importancia de vivir en el presente.

La Magia de los Pequeños Momentos

Para muchos, el viaje diario en tren o autobús hacia el trabajo puede ser percibido como una molestia, pero también ofrece una oportunidad invaluable para sumergirse en un buen libro. Ya sea una novela inspiradora, un thriller emocionante o un libro de poesía reconfortante, dedicar tiempo a la lectura durante el trayecto puede transformar un viaje monótono en una aventura emocionante.

Reencontrarse con un buen amigo siempre es motivo de felicidad. En mi caso, prácticamente todas mis amigas viven en ciudades distintas (algunas bastante lejos), quizás por ello aprecio cada momento que tenemos para reunirnos y darnos un buen abrazo. Dado que vivimos lejos, hemos creado un pequeño espacio donde ver series juntas, reír y compartir buenos momentos hasta que podamos volvernos a ver en persona, para nosotros es nuestro "rinconcito de felicidad", nuestra terapia. Cada vez que nos volvemos a ver, un abrazo y una sonrisa sincera que ilumina se convierten en preciados tesoros. Éstos pueden disipar la soledad y la tristeza, llenando el corazón de amor y gratitud por esa mágica conexión que no tiene explicación. 

¿Qué tal si añadimos el placer de perderse escuchando una buena canción que nos eriza la piel y nos transporta a otro lugar? Estos momentos musicales mágicos tienen el poder de conectarnos con nuestras emociones más profundas y hacernos sentir vivos.

Otro momento de felicidad para mí es cada vez que regreso a casa del trabajo y me encuentro a mi gata esperándome en la puerta de para darme mimos, para mí es uno de los mejores momentos del día: Me pongo mi ropa cómoda, me doy una ducha caliente para quitarme el cansancio y después ella viene a tumbarse en mi regazo, ronroneando y mostrándome su amor incondicional, calidez y protección.

Al detenernos a apreciar los pequeños placeres de la vida, podemos transformar nuestra actitud hacia el día que tenemos por delante. En lugar de dejarnos consumir por el estrés y la ansiedad, podemos adoptar una perspectiva más positiva y optimista, encontrando alegría en los momentos más simples y ordinarios. Nunca olvidemos el poder transformador de un buen libro, un cálido abrazo o el suave ronroneo de un ser querido, y aprendamos a saborear cada momento con una actitud de apertura y admiración.




              



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