Una de las consecuencias más significativas al empezar a activar el circuito superior de la consciencia o circuito del corazón es que el caminante del corazón se libera de los miedos.
Ante la complejidad del momento que estamos viviendo nos encontramos con un ingrediente predominante allá donde dirijamos la mirada: el miedo. Un miedo que se nos inocula a través de la información que vierten los medios de comunicación, un miedo que se genera a nuestro alrededor y que respiramos. En estos tiempos se está dando un fenómeno de contagio de proporciones mundiales pues el miedo y la inseguridad hacen presa fácil en millones de personas que se ven invadidas por cantidades ingentes de información. Información que en lugar de proporcionarles referencias que les permitan posicionarse mejor en su vida cotidiana les mantienen perdidos, sumidos en la duda y con una creciente sensación de incertidumbre frente a las teorías contradictorias, las ideas incoherentes o la dificultad para separar lo verdadero de lo falso en la información que les llega a través de los grandes medios de comunicación de masas y también a través de las redes sociales.
Los asaltantes del Camino del corazón son el miedo, la inseguridad, la soberbia… y los consideramos asaltantes porque ellos no pueden entrar en el territorio del corazón, pertenecen al reino de la mente. Es la mente la que compara, la que evalúa, la que rechaza, la que se crea expectativas que luego no se cubren.
Esos asaltantes nos roban la tranquilidad, nos quitan el sueño (un don preciado que permite reequilibrar la mente). No pueden entrar en el Corazón, pero si pueden atacar a sus caminantes si éstos se dejan ver por ellos y sólo se dejan ver si vibran de forma similar.
Las personas que han superado los miedos, las inseguridades o las soberbias, o al menos no caen frecuentemente en ellos, son invisibles a los asaltantes.
“Todos los seres humanos nos reclamamos afecto y tratamos de encontrar los caminos por donde hacer discurrir ese afecto.
Realmente el Camino del Corazón es el del amor, y al escuchar al otro podemos sentir como lo que cada uno pide es que le quieran.
Sólo cuando el miedo hace su aparición es cuando el amor se difumina, y es el miedo el que nos hace actuar de tal modo que perdemos amistades, trabajos y objetivos.
El miedo es la causa de los males del ser humano y ese miedo suele provenir de sustratos profundos de la personalidad, creados en la infancia o en la adolescencia, pero que nos condicionan tanto que quienes eran percibidos como amigos de pronto se perciben como enemigos y es que el miedo nos hace ponernos gafas negras que nos impiden percibir bien los colores, nos crean obsesiones y nos aíslan de la realidad.
En casos extremos ese miedo se puede convertir en una enfermedad mental (paranoia), quien la padece sufre obsesiones y crea realidades paralelas que para el enfermo son auténticas.
Una forma de salud mental es compartir con los demás lo que nos preocupa, lo que sentimos, lo que deseamos, lo que nos gustaría hacer, porque de esa forma podremos sentirnos queridos y aceptados.”
Ante la complejidad del momento que estamos viviendo nos encontramos con un ingrediente predominante allá donde dirijamos la mirada: el miedo. Un miedo que se nos inocula a través de la información que vierten los medios de comunicación, un miedo que se genera a nuestro alrededor y que respiramos. En estos tiempos se está dando un fenómeno de contagio de proporciones mundiales pues el miedo y la inseguridad hacen presa fácil en millones de personas que se ven invadidas por cantidades ingentes de información. Información que en lugar de proporcionarles referencias que les permitan posicionarse mejor en su vida cotidiana les mantienen perdidos, sumidos en la duda y con una creciente sensación de incertidumbre frente a las teorías contradictorias, las ideas incoherentes o la dificultad para separar lo verdadero de lo falso en la información que les llega a través de los grandes medios de comunicación de masas y también a través de las redes sociales.
Los asaltantes del Camino del corazón son el miedo, la inseguridad, la soberbia… y los consideramos asaltantes porque ellos no pueden entrar en el territorio del corazón, pertenecen al reino de la mente. Es la mente la que compara, la que evalúa, la que rechaza, la que se crea expectativas que luego no se cubren.
Esos asaltantes nos roban la tranquilidad, nos quitan el sueño (un don preciado que permite reequilibrar la mente). No pueden entrar en el Corazón, pero si pueden atacar a sus caminantes si éstos se dejan ver por ellos y sólo se dejan ver si vibran de forma similar.
Las personas que han superado los miedos, las inseguridades o las soberbias, o al menos no caen frecuentemente en ellos, son invisibles a los asaltantes.
“Todos los seres humanos nos reclamamos afecto y tratamos de encontrar los caminos por donde hacer discurrir ese afecto.
Realmente el Camino del Corazón es el del amor, y al escuchar al otro podemos sentir como lo que cada uno pide es que le quieran.
Sólo cuando el miedo hace su aparición es cuando el amor se difumina, y es el miedo el que nos hace actuar de tal modo que perdemos amistades, trabajos y objetivos.
El miedo es la causa de los males del ser humano y ese miedo suele provenir de sustratos profundos de la personalidad, creados en la infancia o en la adolescencia, pero que nos condicionan tanto que quienes eran percibidos como amigos de pronto se perciben como enemigos y es que el miedo nos hace ponernos gafas negras que nos impiden percibir bien los colores, nos crean obsesiones y nos aíslan de la realidad.
En casos extremos ese miedo se puede convertir en una enfermedad mental (paranoia), quien la padece sufre obsesiones y crea realidades paralelas que para el enfermo son auténticas.
Una forma de salud mental es compartir con los demás lo que nos preocupa, lo que sentimos, lo que deseamos, lo que nos gustaría hacer, porque de esa forma podremos sentirnos queridos y aceptados.”
PRÁCTICA propuesta: Enfrentar los miedos
Juega a despertar la inteligencia del corazón
“El Camino del Corazón es una energía muy potente que cambia las vidas de las personas y también a la par es una herramienta muy sutil y delicada que hay que manejar con habilidad para que sea realmente transformadora. Esta energía procede de una central muy potente situada en el plexo del corazón, y, en la mayoría de los seres humanos está todavía muy poco activa, ya que el miedo cierra los canales de expresión energética. Así pues, el uso de esta energía en grupo multiplica de forma exponencial los valores energéticos individuales y eso produce transformaciones notables no sólo en los que participan sino en su entorno.”
Creo que estamos viviendo momentos importantes a todos los niveles, desde el personal hasta el social, creo que es el momento de ampliar la mirada para poder ser capaces de tener una visión más global, pero sin olvidar que nuestro campo de actuación está en lo local.
Se atribuye a Einstein la frase: “Ningún problema puede ser resuelto en el mismo nivel en el que se creó.” Pues bien, nuestros sistemas imperantes en las sociedades teóricamente más evolucionadas están asentados en modelos mentales, hemos llegado al máximo grado de complejidad al que podíamos llegar y ahora es necesario buscar nuevos caminos que se adapten a las necesidades físicas, energéticas, emocionales, mentales y espirituales de los seres humanos del siglo XXI, con una escala de valores que nos permita buscar el bien común por encima del individual, donde las personas estén siempre por encima de las cosas, donde los valores universales (la paz, el amor, la justicia, la libertad, la verdad) sean los puntos cardinales de nuestros territorios, donde la ética compartida sea el marco donde se desarrolle un mundo mejor para todos.
Los seres humanos hemos recorrido un largo camino buscando la consciencia y creo que hoy estamos en disposición de dar un salto cuántico que nos permita interpretar la realidad de una forma distinta a como nos habían enseñado hasta ahora. Creo que es el momento de incursionarnos en territorios internos desconocidos en los que la magia y la fuerza de la naturaleza son los compañeros y donde desaparecen los miedos que nos atenazan y nos impiden desplegar nuestra verdadera dimensión como seres espirituales con fuerza interior para transformar cualquier situación. Vivir sin miedo es una opción, es una elección, vivir desde el corazón también lo es. ¿Qué decidirás hacer hoy? ¿Cuál es tu próximo paso?
Creo que estamos viviendo momentos importantes a todos los niveles, desde el personal hasta el social, creo que es el momento de ampliar la mirada para poder ser capaces de tener una visión más global, pero sin olvidar que nuestro campo de actuación está en lo local.
Se atribuye a Einstein la frase: “Ningún problema puede ser resuelto en el mismo nivel en el que se creó.” Pues bien, nuestros sistemas imperantes en las sociedades teóricamente más evolucionadas están asentados en modelos mentales, hemos llegado al máximo grado de complejidad al que podíamos llegar y ahora es necesario buscar nuevos caminos que se adapten a las necesidades físicas, energéticas, emocionales, mentales y espirituales de los seres humanos del siglo XXI, con una escala de valores que nos permita buscar el bien común por encima del individual, donde las personas estén siempre por encima de las cosas, donde los valores universales (la paz, el amor, la justicia, la libertad, la verdad) sean los puntos cardinales de nuestros territorios, donde la ética compartida sea el marco donde se desarrolle un mundo mejor para todos.
Los seres humanos hemos recorrido un largo camino buscando la consciencia y creo que hoy estamos en disposición de dar un salto cuántico que nos permita interpretar la realidad de una forma distinta a como nos habían enseñado hasta ahora. Creo que es el momento de incursionarnos en territorios internos desconocidos en los que la magia y la fuerza de la naturaleza son los compañeros y donde desaparecen los miedos que nos atenazan y nos impiden desplegar nuestra verdadera dimensión como seres espirituales con fuerza interior para transformar cualquier situación. Vivir sin miedo es una opción, es una elección, vivir desde el corazón también lo es. ¿Qué decidirás hacer hoy? ¿Cuál es tu próximo paso?







































