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El pequeño cerebro del corazón



Maria Pinar Merino Martin

26/02/2020

¿Sabías que los neuro-cardiólogos y muchos otros científicos han investigado sobre las capacidades del corazón y han descubierto que éste comparte información constantemente con el cerebro? Es más, afirman que el corazón tiene su propio cerebro que funciona de forma independiente al de la cabeza.



Imagen de Gerd Altmann en Pixabay
Imagen de Gerd Altmann en Pixabay

Ahora sabemos que el corazón envía más información al cerebro que viceversa, incluyendo señales que pueden influir en la percepción de la realidad, la experiencia emocional y los procesos mentales superiores.
 
El Dr. J. Andrew Armour introdujo el término "cerebro del corazón", en 1991 cuando demostró la existencia de un sistema nervioso complejo en el corazón al que calificó como un "pequeño cerebro". 

“Ciencias del Corazón” es un estudio publicado por el HeartMath Institute (HMI), donde se explica que el cerebro del corazón tiene una intrincada red de varios tipos de neuronas, neurotransmisores, proteínas y células de apoyo; y puede actuar de forma independiente al cerebro de la cabeza para aprender, recordar, sentir y actuar.
 
Uno de los descubrimientos clave de los investigadores del HMI sobre el cerebro del corazón es que está dotado de inteligencia, es capaz de gestionar las emociones que experimenta la persona y puede cambiar la información que envía al cerebro para responder de otra manera. Los estudios de HeartMath Institute han demostrado como emociones como la compasión, la atención, el cuidado y el amor o cualquier estado emocional positivo genera coherencia cardiaca, algo que es beneficioso tanto a nivel físico como mental y emocional.

La Coherencia Cardiaca

Por ejemplo, en uno de los experimentos del HMI, se pidió a cientos de participantes que generaran sentimientos y emociones positivas de forma intencionada. El resultado fue que sus ritmos cardíacos se hicieron más suaves y estables, sobre todo después de haber sentido una emoción negativa. 

Los ritmos cardíacos suaves y estables son índices de la coherencia cardiaca, un estado psicofisiológico en el que nuestra percepción mental, la conciencia intuitiva y el rendimiento en una serie de actividades mejoran.

El pequeño cerebro del corazón
Figura 1: En esta fotografía se muestra la interconexión entre los ganglios cardiacos en el corazón humano. Las estructuras finas de color azul claro en la imagen de la izquierda son múltiples axones que conectan los ganglios. La imagen de la derecha es una vista ampliada de los ganglios que se muestran en el cuadro rectangular en la imagen de la izquierda.

El pequeño cerebro del corazón
Figura 2: Esta es una vista muy ampliada de un ganglio cardiaco tomada con un microscopio confocal, que es capaz de tomar imágenes capa por capa y luego construir una imagen en 3D. Los ganglios se componen de grupos de células nerviosas (somata) que existen fuera del cerebro y la médula espinal. Cada una de las estructuras circulares más pequeñas que se muestran es el cuerpo celular de una neurona individual.

El pequeño cerebro del corazón
Figura 3: Esta imagen representa una sección transversal a través de un ganglio cardíaco. En el centro hay una masa de dendritas que interconectan las neuronas individuales. Esta es la estructura ideal para una unidad de procesamiento neural independiente

El pequeño cerebro del corazón
Figura 4: Este dibujo muestra la ubicación y distribución de los ganglios cardíacos. Tenga en cuenta la forma en que se distribuyen sobre todo alrededor de los orificios de los grandes vasos.  

El pequeño cerebro del corazón
Figura 5: Esta imagen de las neuronas aferentes cardíacas fue tomada con un microscopio confocal. Una neurona aferente es aquella que envía información a otra neurona. Estas neuronas sensoriales detectan los cambios mecánicos y bioquímicos locales que se producen en el tejido cardiaco. Ellas son las encargadas de enviar esta información al resto de los sistemas nerviosos cardiacos y en muchos casos al cerebro.

Todas estas fotografías corresponden al trabajo del Dr. J. Andrew Armour y sus colaboradores.


Traducción: María Pinar Merino
Fuente: HeartMath Institute




              



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