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Mente, Astral y Físico: La salud y la enfermedad es cosa de tres



Luis Arribas

19/07/2019

En unos tiempos en que se están empezando a poner en tela de juicio los postulados más arraigados de nuestra sociedad, los conceptos de salud y enfermedad han sido quizás los primeros en pasar por el tamiz de las nuevas corrientes de pensamiento.



Imagen de Okan Caliskan en Pixabay
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La idea de que el ser humano es algo más que un cuerpo físico, sostenida desde hace milenios por las culturas más antiguas del planeta, es la que permitirá a científicos con una mentalidad acorde a estos nuevos tiempos, aportar soluciones para erradicar el dolor y la enfermedad de nuestras vidas.
 
Y es que las antiguas tradiciones y las más modernas técnicas aplicadas al estudio del ser humano en toda su impresionante complejidad, nos hablan de una serie de cuerpos sutiles que se superponen al físico, al cual coordinan y vitalizan.

Photo by Shot by Cerqueira on Unsplash
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El cuerpo etérico

La estructura del cuerpo etérico, responsable de la vitalización y coordinación celular, está basada en unos centros receptores de energía llamados chakras por las tradiciones china e hindú, y en unos canales de distribución de la misma llamados meridianos y nadis. Los chakras vendrían a ser verdaderos vórtices energéticos encargados de la recepción, acumulación y distribución de la energía etérica, mientras los meridianos cumplirían la función de circuitos de distribución a lo largo de todo el organismo. Los nadis, por su parte, serían como finísimos vasos capilares que llevarían la energía a todas las células. Un bloqueo o disfunción de cualquiera de los chakras, representaría una alteración en el equilibrio físico-etérico con la correspondiente aparición de disfunciones o enfermedades físicas. Estos bloqueos generalmente tienen su origen en el plano mental, el cual cumpliría una función sobre el etérico similar a la que éste efectúa sobre el físico.
 
En apoyo de la hipótesis de que el cuerpo etérico es el responsable de la organización y crecimiento celular, por tanto anterior a la aparición de los diversos órganos, nos encontramos con los trabajos realizados durante los años sesenta, en Corea, por el profesor Kim Bong Han y más recientemente por el investigador francés Pierre de Vernejoul, según los cuales el sistema de meridianos es independiente de la red vascular. Tal resultado se obtuvo inyectando diferentes sustancias, como el tecnecio radiactivo 99m, en los puntos de acupuntura de los pacientes, y se controló la absorción mediante una cámara de gammagrafía. De Vernejoul comprobó que la sustancia inyectada migraba siguiendo los meridianos clásicos de la acupuntura china, mientras que la inyección del mismo isótopo en puntos de la epidermis elegidos al azar, o bien buscando deliberadamente las vías venosas o las linfáticas, no producía ninguna difusión comparable.
 
Los estudios histológicos realizados por Kim sobre conejos, aportaron el descubrimiento de una red de túbulos de aproximadamente 0,5 a 1,5 micras de diámetro por los que discurría la sustancia inyectada, en este caso P32 (un isótopo radiactivo del fósforo), en los puntos de acupuntura de esos animales. En estos conductos internos, los fluidos generalmente discurren en el mismo sentido que la sangre y la linfa en los vasos correspondientes, pero en determinadas circunstancias se daba el caso de que fluían en sentido contrario. Este hecho sugiere que la formación de la red de túbulos es distinta al origen de los sistemas vascular y linfático. En otras palabras, que los meridianos y los nadis pueden ser anteriores, durante la embriogénesis, a la formación de las arterias, las venas y los vasos linfáticos. Es posible que los meridianos hayan servido de guía espacial para el crecimiento y desarrollo de esos sistemas circulatorios cuando estaban en vías de formación.
 
Además de esta red de túbulos, existen otras tres que se encuentran situadas en la superficie de los órganos internos, en la superficie exterior de los vasos sanguíneos y linfáticos, así como en las capas superficiales de la epidermis y el último distribuido en los sistemas nerviosos central y periférico. Además, las investigaciones de Kim sugieren que la red energética suministra a las células en formación las indicaciones precisas para que se dirijan a sus lugares definitivos, tal vez suministrando algún tipo de información adicional a la existente en el propio ADN impreso en su núcleo.

Terapias bioenergéticas

Imagen de Jürgen Rübig en Pixabay
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Las investigaciones llevadas a cabo por Semion Kirlian y Robert Becker a principios de los años 50 del siglo pasado, parecen demostrar que el cuerpo etérico es realmente una plantilla de crecimiento holográfica responsable del desarrollo celular hasta configurar la totalidad del cuerpo físico. En este sentido, las investigaciones llevadas a cabo por el doctor Bjorn Nordenstrom, jefe de radiología diagnóstica del Instituto Karolinska de Estocolmo, sobre la aplicación de campos eléctricos en tumores cancerosos, nos presentan una alternativa a tener en cuenta en el tratamiento de esta enfermedad dado que, según las investigaciones llevadas a cabo por diversos especialistas, el cuerpo etérico estaría conformado por campos electromagnéticos.
 
Nordenstrom descubrió que los glóbulos blancos de la sangre transportan carga eléctrica negativa. Estos linfocitos, encargados de combatir el cáncer, son atraídos hacia la localización del tumor por la carga eléctrica positiva de un electrodo de platino implantado en el centro de la lesión metastásica, estando el electrodo negativo situado en el tejido normal adyacente al tumor. El campo eléctrico resultante modifica el equilibrio iónico de los tejidos, produciéndose una acumulación de ácidos en la zona afectada por el tumor, lo cual perjudica a las células cancerosas. La mayor acidez local también produce la destrucción de los glóbulos rojos o altera las moléculas de hemoglobina, de manera que las células cancerosas dejan de recibir oxígeno quedando privadas de alimentación. Asimismo, según la hipótesis de Nordenstrom, el campo eléctrico positivo produce un drenaje de agua, desecando el tumor y produciendo, por el contrario, la tumefacción del tejido sano adyacente. De este modo aumenta la presión sobre los capilares circundantes y el tumor queda aislado de la circulación sanguínea.
 
Sin embargo, y con ser muy importantes las aplicaciones de electroterapia sobre distintas afecciones, no dejan de ser aún muy poco extendidas entre el colectivo médico, que ve en ellas un campo donde quedan muchas interrogantes sin despejar, sobre todo por la falta de tecnología adecuada para el tratamiento y posterior seguimiento de las enfermedades de etiología diversa.
 
Es, no obstante, en el campo de las energías sutiles donde se han producido resultados aún más sorprendentes que los conseguidos por el doctor Nordenstrom. En los últimos lustros, las investigaciones científicas sobre el efecto terapéutico de la imposición de manos han arrojado nueva luz sobre los descubrimientos que en su día realizó Mesmer.
 
En este sentido, los estudios publicados sobre la influencia de campos magnéticos de gran intensidad en la aceleración de las reacciones enzimáticas, dieron pie a la doctora Justa Smith, del Rosary Hill College de Nueva York, a realizar diversos experimentos, utilizando a distintos sanadores, con el fin de detectar las diferencias o similitudes que podrían existir entre esos campos magnéticos y las descargas energéticas producidas por los sanadores al imponer sus manos sobre diferentes tipos de enzimas. Las enzimas son los "obreros todo terreno" de las células, a cuyo cargo corren todas las funciones metabólicas del cuerpo físico. Los experimentos realizados por la doctora Smith tuvieron unos resultados aparentemente contradictorios por cuanto en un tipo de enzimas se producía una aceleración en sus reacciones mientras en otro el efecto era el contrario. La aparente contradicción pudo ser explicada posteriormente al conocer el proceso que los sanadores seguían al imponer sus manos sobre los tubos de ensayo que contenían las enzimas.
 
Mientras los campos magnéticos sólo podían producir un incremento no específico en la actividad de todas las enzimas, los campos de energía de los sanadores originaban variaciones de signo diferente para diferentes enzimas, según que éstas fuesen perjudiciales o no para el desarrollo celular, siendo la dirección del cambio siempre coherente con la tendencia a un mayor estado de salud celular del organismo. La razón estribaba en que a los ojos de los sanadores, los tubos de ensayo no contenían más que unas soluciones transparentes, no intentando producir ningún cambio en una enzima en un sentido determinado, sino que sólo pensaban en curar.
 
La doctora Smith aún realizó otros ensayos, esta vez deteriorando previamente las enzimas a tratar por el sanador. Para ello sometió a unos tubos de ensayo que contenían la enzima tripsina a la acción de la luz ultravioleta, frecuencia energética que rompe la estructura normal de las enzimas quedando perjudicada su capacidad de reacción. Una vez tratada por el sanador, la doctora Smith tuvo la sorpresa de comprobar que la enzima estropeada había recobrado su actividad y que ésta, además, seguía aumentando linealmente en función del tiempo que hubiera estado sometida a la acción del terapeuta.

Somos energía

Photo by Natalya Letunova on Unsplash
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A la luz de los experimentos mencionados hasta ahora, así como los testimonios de miles de personas que afirman haber sido tratadas con éxito por sanadores, tendremos que llegar a la conclusión de que nos movemos entre diferentes campos de energía de los cuales el físico sería el más denso y, por tanto, el más influenciado por las alteraciones de uno u otro signo que se produjeran en los campos energéticos más sutiles como el etérico, el astral o el mental.
 
El estado de salud o enfermedad, determinado por el equilibrio entre los diferentes campos de energía, establece la forma en que nos relacionamos con el entorno y la interpretación que nuestra psique hace de los impulsos que recibimos de él, tanto a nivel físico como emocional. El proceso de destrucción orgánica que representa la muerte podría llegar a ser, a la luz de las facultades inherentes a la energía etérica, un hecho reversible por cuanto esta energía se asocia con las transformaciones de balance entrópico negativo, es decir, contrarias al segundo principio de la termodinámica, que establece que todo en el universo, pasado un tiempo de crecimiento tiende hacia el caos y la desorganización. Las energías del cuerpo etérico tienen propiedades tendentes a promover en los sistemas celulares estados de mayor ordenación y organización, los mismos atributos encontrados en los campos energéticos de los sanadores psíquicos. Dicho en otras palabras, la energía vital sólo actúa en dirección a la ordenación y cohesión de los sistemas biológicos, razón por la cual cualquier intento de manipular esta energía para producir algún tipo de perjuicio en la salud de personas, animales o vegetales estará condenado al fracaso.
 
Lo comentado hasta ahora nos presenta las alternativas de una relación activa entre el cuerpo físico y el etérico. Sin embargo, la relación de estos dos planos con el mental ha sido objeto de discusión, no porque no sea evidente su influencia, como lo demuestran muchas de las dolencias calificadas como psicosomáticas, sino por determinar la manera en que esta relación se produce. Aún se debate acaloradamente entre psicólogos, psiquiatras y biólogos, si la mente es algo inherente al cerebro o, por el contrario, representa un plano energético sutil al cual estaría de alguna manera conectado el cerebro. La respuesta, obviamente, sólo nos llegará en el momento en que nuestra tecnología disponga de los sensores adecuados a ese tipo de energía. Entretanto, no estaría de más reflexionar sobre los experimentos llevados a cabo por el doctor Robert Miller, de Atlanta (Georgia) en relación con la aplicación a distancia de las energías sanadoras, sobre todo si tenemos en cuenta que en este tipo de curación se hace imprescindible la aportación consciente de la mente del sanador.
 
El experimento más espectacular lo desarrolló con una cámara de niebla especial, de las que se utilizan para observar las trayectorias de las partiículas subatómicas cargadas de energía. La cámara contiene un vapor de alcohol subenfriado; de esta manera, cuando atraviesa la cámara una partícula ionizada deja un trazo de vapor condensado, que es lo que puede ver y fotografiar el experimentador. El doctor Miller pidió a la conocida sanadora Olga Worrall que pusiera sus manos abarcando la cámara de niebla pero sin tocarla físicamente, y que se concentrase como si estuviera sanando. Los experimentadores pudieron observar una pauta en forma de ondas paralelas a la posición de las manos. Estas ondas cambiaban en función del movimiento que la sanadora hacía con sus manos. Sin embargo, lo más apasionante de este experimento aún faltaba por llegar. Miller pidió a la señora Worrall que desde su casa, situada a 1.000 kilómetros de distancia, intentara reproducir, a una hora determinada, la experiencia vivida en el laboratorio. A la hora en que la señora Worrall visualizó la operación de imponer sus manos alrededor de la cámara de niebla, se registraron en ésta figuras ondulatorias similares a las que habían aparecido en condiciones de proximidad física de la terapeuta.

Photo by Thư Anh on Unsplash
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La mente controla la energía etérica

Como podemos apreciar, la energía puede ser dirigida mentalmente a grandes distancias, y de la misma forma que vimos la acción siempre positiva de esta energía cuando el que la maneja sólo piensa en curar, también hemos de decir que todo parece indicar que no se necesitan unas dotes especiales para transmitirla, habida cuenta que es algo consustancial con el ser humano y por extensión con todos los seres vivos en general.
 
Según el planteamiento hológrafico del ser humano, puesto que el cuerpo físico es la manifestación más densa del espíritu y éste, por definición, es parte de Dios, es lógico suponer que constantemente el espíritu le esté enviando mensajes de armonización. Estos mensajes utilizan como vehículo de transmisión a la energía espiritual o amor. Es por tanto fundamental, que la aplicación de energías por parte de los sanadores incorporen a esta energía de la cual derivan todas las demás. Probablemente, la compasión que se sienta por el enfermo, sea la llave que haga fluir estas energías de alta vibración, por lo que el mero toque terapéutico no tendrá efectos duraderos si no va acompañado del sentimiento de piedad o compasión por el dolor ajeno.
 
El plano espiritual es un plano de referencia estable, siendo los planos mental, etérico y físico los que manifiestan las alteraciones que se convierten posteriormente en lo que conocemos como enfermedades. A pesar de los agentes exteriores que potencialmente nos podrían producir enfermedades, como las bacterias, los virus, la contaminación medioambiental, etc., estos no influirán en aquellas personas con mentalidad positiva, porque se crea una especie de protección sobre los planos inmediatamente inferiores. Por el contrario, aquellas personas que sólo ven la parte oscura de la vida, aquellos que hacen suyo el refrán "piensa mal y acertarás", ésas estarán más predispuestas a contraer enfermedades, puesto que su actitud favorece los bloqueos energéticos. No buscan en la vida sus argumentos vitales, sino en la "no vida", en la separación y el odio, caldo de cultivo ideal para la proliferación de todo tipo de dolencias.
 
La salud y la enfermedad es cosa de tres: el físico, el etérico y el mental. Una correcta armonización entre estos planos, nos mantendrá perfectamente conectados con la principal fuente de salud universal: el espíritu.




              



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