Iluminar la sombra
Sin embargo, en algún entreacto de la representación, en algún momento de nuestra historia como seres espirituales, en algún instante de nuestro periplo evolutivo a través de múltiples experiencias físicas, tendremos que intentar dar un paso más allá. Tal vez ese paso sea simplemente darnos cuenta de que todo lo que vivimos no es sino un medio para reconocer nuestra naturaleza, que hay partes muy ocultas, muy ignoradas de esa naturaleza que necesitan salir a la luz para ser identificadas y sanadas, que la energía madre se encuentra en todo el universo y que somos nosotros quienes decidimos sintonizar con uno u otro aspecto de esa banda vibratoria, que las circunstancias externas que vivimos
son apenas un pálido reflejo que nos permite conocer lo que se mueve dentro, que empeñarse en identificar la responsabilidad de los demás no sirve de nada si no estamos dispuestos a afrontar la propia, que incluso aunque uno sienta que le asiste la razón, la verdad y la justicia no es lícito emplear determinadas armas, que el fin nunca podrá justificar los medios, que a veces las victorias no están tipificadas y que siempre, siempre, hay que buscar el bien común por encima del logro personal.
Es probable que cuando aprendamos esa lección, cuando asimilemos esa experiencia, la vida no vuelva a presentárnosla, sino que aparecerán otras nuevas. Darnos cuenta de las situaciones que nos bloquean, las palabras o las actitudes que nos asustan, descubrir la inseguridad, el miedo... saber las renuncias que hacemos de nuestros criterios, ver claramente nuestra falta de confianza en la intuición, nuestros intentos de huir de las situaciones de tensión, el deseo de que al abrir los ojos cada nuevo día las cosas de la realidad que no nos gustan hayan desaparecido, identificar entre todas las ofensas las que duelen de verdad, saber a ciencia cierta lo que defendemos y desde dónde lo hacemos.
Identificar los puntos débiles propios, la carga que injustamente volcamos en el presente y que corresponde al pasado... para después de todo identificar qué es aquello por lo que estamos luchando, cuál es el eje de nuestras coordenadas personales que nos impele a librar esa batalla de la forma en que lo estamos haciendo.
Cada paso que demos en ese sentido es un paso adelante para traer consciencia a nuestra vida. Es, además, un camino que hay que recorrer en solitario, nunca podremos pedir a otros que nos acompañen en nuestra lucha, que libren con nosotros la batalla, porque... es nuestra batalla, sólo nuestra.
Ellos, cada uno de ellos tienen otra, la suya. Por eso no podemos exigir implicación en nuestra causa, ni los demás pueden hacerlo con nosotros. Elegimos la causa y la forma de defenderla, no podemos seguir pensando que
son los demás los que tienen que cambiar, que modificar, que aprender algo...
Tal vez todo, todo lo que vivimos, sólo tenga un propósito: que uno mismo aprenda, que no hay kharma por lo que hacemos sino una ley inexorable de correspondencia.
Prefiero pensar que todo el universo se confabula para que yo sea más consciente cada día, a creer que son los demás los que están viviendo equivocados y que son los responsables de que las cosas no vayan bien en el mundo.
Sólo soy responsable de las oportunidades de aprender que dejo escapar a lo largo de mi vida, sólo de eso tendré que responder ante mí misma. Y sé que para ese aprendizaje cuento con la valiosa participación de un montón de actores y actrices que cada día me brindan, nos brindamos mutuamente, la oportunidad de avanzar un paso más en la comprensión de mi SER integral y del papel que juego en este universo regido por unas leyes naturales donde se enmarca mi existencia.
son apenas un pálido reflejo que nos permite conocer lo que se mueve dentro, que empeñarse en identificar la responsabilidad de los demás no sirve de nada si no estamos dispuestos a afrontar la propia, que incluso aunque uno sienta que le asiste la razón, la verdad y la justicia no es lícito emplear determinadas armas, que el fin nunca podrá justificar los medios, que a veces las victorias no están tipificadas y que siempre, siempre, hay que buscar el bien común por encima del logro personal.
Es probable que cuando aprendamos esa lección, cuando asimilemos esa experiencia, la vida no vuelva a presentárnosla, sino que aparecerán otras nuevas. Darnos cuenta de las situaciones que nos bloquean, las palabras o las actitudes que nos asustan, descubrir la inseguridad, el miedo... saber las renuncias que hacemos de nuestros criterios, ver claramente nuestra falta de confianza en la intuición, nuestros intentos de huir de las situaciones de tensión, el deseo de que al abrir los ojos cada nuevo día las cosas de la realidad que no nos gustan hayan desaparecido, identificar entre todas las ofensas las que duelen de verdad, saber a ciencia cierta lo que defendemos y desde dónde lo hacemos.
Identificar los puntos débiles propios, la carga que injustamente volcamos en el presente y que corresponde al pasado... para después de todo identificar qué es aquello por lo que estamos luchando, cuál es el eje de nuestras coordenadas personales que nos impele a librar esa batalla de la forma en que lo estamos haciendo.
Cada paso que demos en ese sentido es un paso adelante para traer consciencia a nuestra vida. Es, además, un camino que hay que recorrer en solitario, nunca podremos pedir a otros que nos acompañen en nuestra lucha, que libren con nosotros la batalla, porque... es nuestra batalla, sólo nuestra.
Ellos, cada uno de ellos tienen otra, la suya. Por eso no podemos exigir implicación en nuestra causa, ni los demás pueden hacerlo con nosotros. Elegimos la causa y la forma de defenderla, no podemos seguir pensando que
son los demás los que tienen que cambiar, que modificar, que aprender algo...
Tal vez todo, todo lo que vivimos, sólo tenga un propósito: que uno mismo aprenda, que no hay kharma por lo que hacemos sino una ley inexorable de correspondencia.
Prefiero pensar que todo el universo se confabula para que yo sea más consciente cada día, a creer que son los demás los que están viviendo equivocados y que son los responsables de que las cosas no vayan bien en el mundo.
Sólo soy responsable de las oportunidades de aprender que dejo escapar a lo largo de mi vida, sólo de eso tendré que responder ante mí misma. Y sé que para ese aprendizaje cuento con la valiosa participación de un montón de actores y actrices que cada día me brindan, nos brindamos mutuamente, la oportunidad de avanzar un paso más en la comprensión de mi SER integral y del papel que juego en este universo regido por unas leyes naturales donde se enmarca mi existencia.







































