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Un momento crucial para la humanidad: La luna llena de Tauro Wesak I



Isabel Alfaro

03/05/2026

En un remoto valle del Himalaya, donde el silencio parece contener el pulso del universo, tiene lugar cada año un acontecimiento que trasciende lo visible. Bajo la luna llena de Tauro, tradición y misterio se entrelazan en una ceremonia ancestral que, según la leyenda, conecta a la humanidad con una fuente superior de sabiduría, amor y propósito espiritual.



Imagen creada con IA
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Existe un valle situado a una altura bastante elevada al pie de las cordilleras del Himalaya Tibetano. Este valle está rodeado de altas montañas por todos los lados, con excepción del noreste, donde hay una estrecha abertura en las cordilleras. El valle tiene la forma de un ánfora embocada hacia el noreste, abriéndose considerablemente hacia el Sur. Hacia el extremo Norte y cerca de la embocadura del ánfora se halla una gran roca plana. No hay árboles, ni arbustos en el valle, que está cubierto con una especie de pasto grueso, pero las laderas de las montañas están cubiertas de árboles.

En el momento del Plenilunio de Tauro empiezan a reunirse los peregrinos de todos los distritos circundantes; los hombres y mujeres santos y los lamas llegan al Valle y ocupan la parte sur y media dejando el extremo noreste relativamente libre. Allí, según cuenta la leyenda, se congrega un grupo de esos Grandes Seres que son los custodios en la Tierra del Plan de Dios para nuestro planeta y para la Humanidad. El nombre que damos a estos Seres no tiene gran importancia. El creyente cristiano preferirá hablar de Cristo y su Iglesia, y los considerará parte de esa Gran Nube de testigos que garantizan a la humanidad la salvación definitiva. Los esotéricos del mundo pueden llamarlos los Maestros de Sabiduría, la Jerarquía Planetaria, que en sus diversos grados están regidos y guiados por el Cristo, el Maestro de Maestros, y el Instructor de Ángeles y seres humanos por igual. O pueden también llamarlos los Rishis de las Escrituras Hindúes, o la Sociedad de Mentes Iluminadas, según la enseñanza tibetana. Ellos son los Grandes Intuitivos y los Grandes Compañeros según la presentación moderna y son el conjunto de la humanidad perfeccionada, que ha seguido los pasos del Cristo y ha penetrado, por nosotros, en los misterios, dándonos ejemplo para que hagamos lo que Ellos han hecho. Con su Sabiduría, Amor y Conocimiento constituyen una muralla protectora para la humanidad y tratan de guiarnos paso a paso, (como Ellos fueron guiados en su tiempo) de la oscuridad a la Luz, de lo irreal a lo Real, de la muerte a la Inmortalidad.

Participantes en la Ceremonia

Este grupo de conocedores de la divinidad son los principales participantes en el Festival de Wesak. Se sitúan en el extremo noreste del Valle, y en círculos concéntricos (de acuerdo con el estado y grado de Su desarrollo Iniciático), se preparan para un gran acto de servicio. Frente a la roca, mirando al noreste, están Aquellos Seres a Quienes sus discípulos llaman "Los Tres Grandes Señores" que son: el Cristo, que se sitúa en el centro; el Señor de las Formas Vivientes, el Manú, que se sitúa a su Derecha, y el Señor de la Civilización, que se sitúa a su izquierda. Los Tres se colocan frente a la roca, en la que descansa una gran copa de cristal llena de agua.
Hay un hecho interesante que arroja cierta luz sobre esta ceremonia y su realidad, y es que los que han soñado que participaban a ella, está seguros de la posición exacta que ocuparon en la parte más baja del valle. Una persona que me la describió, me dijo que estuvo a un lado, junto a un árbol en el que estaba atado un caballo; otros parecían conocer muy bien el lugar en el que se encontraban. Pocos se daban cuenta de que el lugar y la posición que ocupaban en el grupo de observadores, indicaba con toda claridad el estado evolutivo del participante.

Detrás del Grupo de Maestros, Adeptos, Iniciados y Colaboradores Mayores en el Plan de Dios, se encuentran los discípulos y aspirantes del mundo, en sus diversos grados y grupos (“en el cuerpo o fuera de él”, citando a S. Pablo), quienes constituyen en esta época el Nuevo Grupo de Servidores del Mundo. Los que estaban presentes físicamente, llegaron a allí por medios comunes. Otros estaban presentes en sus cuerpos espirituales y en estado de sueño. El "sueño" que luego relatan, ¿no podría ser el reconocimiento físico y el recuerdo de un suceso espiritual interno?

Apertura de un portal energético poderoso

A medida que se acerca el momento de la Luna Llena, se produce una gran quietud en la muchedumbre, y todos miran al noreste. Entonces, tienen lugar ciertos movimientos rituales, en los que los Maestros agrupados y sus discípulos de todos los grados, ocupan su lugar en posiciones simbólicas y forman en el suelo del valle símbolos tan significativos como la estrella de cinco puntas, con el Cristo en el punto más alto; o un triángulo con el Cristo en el vértice superior, o una cruz y otras formaciones conocidas, que tienen un significado profundo y potente. Todo esto se realiza mientras se entonan ciertas palabras y frases esotéricas, llamadas mantras. La expectativa de los asistentes aumenta y la tensión se hace mayor, acrecentándose cada vez más. A través de todo el grupo de personas, parece sentirse un estímulo o vibración potente que tiene el efecto de despertar las almas de los presentes, fusionando el grupo en un todo unificado, elevándolos a un gran acto de demanda, disposición y expectativa espiritual. Es el punto culminante de la aspiración mundial enfocada en este grupo expectante. Estas tres palabras: demanda, disposición y expectativa, son las que mejor describen el ambiente que rodea a los presentes en este valle secreto.

El cántico y el movimiento rítmico se intensifican cada vez más y todos los participantes y la multitud elevan sus ojos hacia el cielo, en dirección a la angostura del Valle. Unos pocos minutos antes de la hora exacta de la Luna Llena puede verse, a lo lejos, un pequeño punto en el cielo, acercándose cada vez más y poco a poco su silueta se hace más nítida, se definen sus contornos hasta que la forma del Buda se hace visible: sentado en posición de loto, envuelto en su manto azafranado, bañado en luz y color, y con una mano extendida bendiciendo. Cuando el Buda llega al punto exacto central sobre la gran roca, flotando en el aire sobre las cabezas de los Tres Grandes Señores, un gran mantra, que se pronuncia únicamente una vez al año, en el Festival, es entonado por el Cristo, y todos los asistentes que se encuentran en el valle se postran. Esta Invocación produce una gran vibración o corriente de pensamiento, de tal potencia que se eleva, desde el grupo de aspirantes, discípulos e iniciados, hasta Dios mismo. Señala el momento supremo de intenso esfuerzo espiritual a lo largo de todo el año y la vitalización espiritual de la humanidad, y sus efectos espirituales perduran durante los meses siguientes. El efecto de esta Gran Invocación es universal o cósmico, y sirve para conectarnos con ese Centro Cósmico de Fuerza Espiritual, del que provienen todos los seres creados. Se imparte la Bendición y el Cristo – como Representante de la humanidad – la recibe para distribuirla.

El Festival de Wesak

Así, según cuenta la leyenda, el Buda vuelve una vez al año, para bendecir al mundo, transmitiendo a través del Cristo, una vida espiritual renovada. Luego lentamente el Buda se aleja, hasta que nuevamente se puede ver sólo un punto en el cielo que finalmente desaparece. Todo el ceremonial de la bendición, desde su primera aparición en la lejanía, hasta el momento en que el Buda desaparece, tarda sólo ocho minutos. El sacrificio anual del Buda por la humanidad (pues viene a costa de un gran sacrificio), ha terminado y Él retorna nuevamente a ese Lugar Elevado donde trabaja y espera. Año tras Año vuelve a bendecir; y año tras año se lleva a cabo la misma ceremonia. Año tras año Él y Su Gran Hermano, el Cristo, trabajan en la más íntima colaboración para el beneficio espiritual de la humanidad. En estos dos Grandes Hijos de Dios se han concentrado dos aspectos de la Vida Divina, y Ellos actúan juntos como Custodios del tipo de fuerza espiritual más elevado a la que la humanidad puede responder. A través del Buda fluye la Sabiduría de Dios. A través del Cristo el Amor de Dios se manifiesta a la humanidad; esta Sabiduría y este Amor se derraman sobre la humanidad cada Luna Llena de “Mayo".
 
Isabel Alfaro – Enseñanzas del Maestro Tibetano
 
Continuará…
Un momento crucial para la humanidad: La luna llena de Tauro Wesak I




              



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