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El Festival de Wesak, algo más que una fiesta popular en Oriente (Wesak II)



Isabel Alfaro

03/05/2026

Más allá de la leyenda, el Festival de Wesak se presenta como un símbolo de unión y apertura espiritual para toda la humanidad. En él convergen tradiciones, creencias y aspiraciones, ofreciendo una oportunidad única de conexión con dimensiones más profundas de la conciencia y con una fuente de energía que, según se dice, puede transformar la visión del mundo y del ser humano.



Imagen creada con IA
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Según la historia antigua, esta es la leyenda que existe detrás de esta Fiesta popular en Oriente, y es real, si nos atrevemos a creerlo y tenemos la mente lo suficientemente abierta como para reconocer esta posibilidad. Para Occidente es una idea algo nueva y requiere el reajuste de algunas de nuestras creencias más apreciadas. Pero si se puede captar y entender, surgirá en nuestra conciencia una nueva visión y la posibilidad de que la humanidad se conecte conscientemente ahora con una nueva fuente de inspiración y un nuevo centro de fuerza espiritual.

Para algunas personas, actualmente, este Festival representa ciertas ideas muy definidas y claramente marcadas, y ofrece una gran oportunidad. Las ideas que simboliza pueden enumerarse de la siguiente manera:
 
  1. Primero: Este Festival une el pasado con el presente de un modo como ningún otro Festival, relacionado con cualquiera de las grandes religiones del mundo, lo ha hecho jamás. Representa una verdad viva y una oportunidad actual. En su servicio mutuo a la humanidad, el Buda y el Cristo traen esta unión; también fusionan Oriente y Occidente, a la vez que funden en un todo la tradición cristiana con los credos budistas e hinduístas, y la aspiración de todos los creyentes del mundo de hoy, ya sean ortodoxos o no. Así desaparecen las distinciones religiosas.
 
  1. Segundo: Este Festival señala el punto máximo de Bendición Espiritual para el mundo. Es un momento de extraordinaria afluencia de vida y estímulo espiritual, y sirve para vitalizar la aspiración de toda la humanidad.
 
  1. Tercero: En el transcurso del Festival, mediante el esfuerzo unido del Cristo y el Buda, actuando en íntima colaboración, se abre un canal de comunicación entre la humanidad y Dios, a través del cual el Amor y la Sabiduría de Dios mismo pueden fluir a un mundo expectante y necesitado. Hablando simbólicamente y recordando que los símbolos esconden siempre alguna verdad, se puede decir que, en el momento del plenilunio, es como si de repente se abriera de par en par una puerta que en otros momentos permanece cerrada. A través de ella, los aspirantes y discípulos pueden ponerse en contacto con energías difíciles de alcanzar de otro modo. Mediante esta puerta se puede llegar a Aquellos que Guían a la humanidad, y a la verdad y a la realidad, que, en otra circunstancia, no es posible. Todos aquellos que están a un lado u otro de la puerta pueden valerse de esta oportunidad, y esto ocurrirá de forma creciente. Durante la luna llena de Tauro, es como si se abriera la puerta del “cielo” (hablando simbólicamente) para establecer contacto con aquellas Vidas Mayores, que son para nuestra Jerarquía Planetaria, lo que Ella es para la humanidad. Una vez reconocido esto, será posible desarrollar una Ciencia de Acercamiento hacia las verdades y fuerzas más profundas de la vida ocultas detrás del velo. Esto revelará la Nueva Era, y es parte de la verdadera técnica que emerge del Sendero y del progreso espiritual.

Una ceremonia planetaria

Nuevamente, en este tiempo existe la posibilidad de grandes expansiones de conciencia que no son posibles en otros momentos. Los discípulos e iniciados de todas partes pueden ser ayudados y estimulados espiritualmente para dar esos grandes pasos que llamamos Iniciaciones y que permiten al ser humano penetrar un poco más profunda y conscientemente en los misterios del Reino de Dios. Le revelan con más claridad la maravilla de su propia divinidad, la belleza de lo divino en cada persona y algo del Plan que está llevando a cabo la humanidad y con el cual puede colaborar.

Volvamos al escenario de los Himalayas: Cuando el Buda ha desaparecido, la multitud se pone de pie, el agua de la copa se distribuye en pequeñas porciones a los Maestros, Iniciados y discípulos, y luego Ellos retornan al lugar del servicio. La multitud bebe el agua, en copas o jarros que han traído y la comparten con los demás. En esta hermosa “ceremonia de comunión del agua” se nos presenta, de forma simbólica, la Nueva Era de Acuario, que está ya en el umbral, la Era de Acuario, la era del Portador de Agua. Es la era del "hombre que lleva un cántaro de agua”, como dijo el Cristo en ese episodio que precedió al servicio de comunión que Él inició. Esta Ceremonia perpetúa para nosotros el hecho de la universalidad del Amor de Dios, la necesidad de nuestra purificación individual y la oportunidad de compartir con cada uno lo que pertenece a todos. El agua, magnetizada por la presencia del Buda y del Cristo, contiene ciertas propiedades y virtudes de naturaleza curativa y beneficiosa. Así bendecida, la multitud se dispersa silenciosamente, los Maestros y discípulos regresan con renovada fuerza para emprender otro año de servicio en el mundo.

La unión de Oriente y Occidente

Esta leyenda o este relato de un acontecimiento espiritual auténtico y vital, lentamente llega en nuestros días a Occidente, y evoca reconocimiento, curiosidad, admiración, o preguntas por parte de muchos. Algunos aspirantes occidentales piensan que ha llegado el momento, en que Occidente y Oriente pueden unirse espiritualmente en un gran Festival y comunión de almas. Al unísono, y bajo la dirección del Buda, que vino a traer luz a Oriente, y del Cristo que vino a traer luz a Occidente, pueden pedir y evocar tal bendición y revelación espiritual, que el futuro inmediato puede mostrar lo que se necesita tanto: “paz en la Tierra, y buena voluntad para los seres humanos". Así podremos acceder a una era de fraternidad y comprensión que permitirá a cada persona liberarse del miedo y tener más tiempo para buscar a Dios por sí mismo.

El Festival de Wesak es desde el punto de vista espiritual, el acontecimiento más importante en nuestro planeta, y el que mayor efecto tiene sobre la humanidad. Su influencia siempre ha estado presente, pero desconocida para la mayoría. Ahora su influencia debe ser reconocida y utilizada conscientemente. Cada grupo de servidores en el mundo que colabora conscientemente con la Jerarquía Planetaria, actúa según ciertas leyes, y mediante el uso de ciertas palabras de poder y ciertas grandes invocaciones. De esta manera obtienen los resultados requeridos. Mediante el ritmo unido de ciertos grupos y de sus invocaciones, los grupos de aspirantes pueden entrar en contacto con la conciencia de Grandes Vidas e Inteligencias, cuando hayan aprendido a alinear sus personalidades y a establecer relación con sus propias almas.
 
Estos grupos de aspirantes pueden entrar en contacto con el mundo subjetivo de estas Inteligencias por intermedio de dos puntos focales: el Buda, que representa el mundo influyente de las realidades espirituales subjetivas, y el Cristo, que actúa como Representante del mundo de las aspiraciones humanas. Este hecho está simbolizado para nosotros por el rito de la Iglesia, en el que el sacerdote es un punto focal. Sin embargo, aquí hay una diferencia importante: el sacerdocio, en estas grandes "ceremonias de contacto" en el futuro, no será un cuerpo de personas separadas y aisladas. Todos, incluso los profanos podrán oficiar los ritos, siempre y cuando sean capaces de alinearse con el alma y de entrar en contacto con ella con el objetivo de colaborar con las demás almas.

Finalmente, puede decirse que en un período determinado del año, se reúne la Logia de los Maestros. Este término "Logia" no es más que una forma de designar este cuerpo de discípulos y trabajadores consagrados que el Cristiano llama "Cristo y su Iglesia", En este período, que coincide con la Luna Llena de Tauro y el Festival de Wesak, se reúne con tres propósitos principales: entrar en contacto con la fuerza espiritual transmitida a nuestro planeta por medio del Buda y del Cristo; deliberar juntos sobre las necesidades inmediatas y el trabajo que debe realizarse para la humanidad; admitir a la iniciación a aquellos que están preparados y estimular a Sus discípulos para un servicio y una actividad mayor. 
 
Isabel Alfaro – El Maestro Tibetano




              



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