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Surfear hoy en un mar agitado



Maria Pinar Merino Martin

29/09/2022

A veces, cuando una ola nos revuelca, perdemos la orientación y nadamos alocadamente tratando de encontrar un punto de referencia. En la vida, las olas pueden hacernos perder la perspectiva de quienes somos y entonces empezamos a realizar acciones y gestos que creemos nos salvarán de morir ahogados.



Foto de Matt Paul Catalano en Unsplash
Foto de Matt Paul Catalano en Unsplash
En estos tiempos que vivimos tan convulsos, las olas se suceden… Hay olas grandes: las guerras, los desastres provocados por el cambio climático, los daños medioambientales, las pandemias, la falta de cumplimiento de los derechos humanos, el hambre, la pobreza, la injusticia, la desigualdad, etc.
 
Pero también hay olas personales, más pequeñas, esas que se producen en nuestro territorio o en nuestro entorno más cercano. Las grandes olas sociales nos afectan mucho, más de lo que creemos, pues el “ambiente” que respiramos, la energía que nos rodea, las emisiones de pensamientos y emociones negativos ya sean de desesperanza, desconfianza, tristeza, impotencia, rabia, etc. conviven con nosotros las veinticuatro horas del día y, poco a poco, van minando nuestro ánimo, afectando a nuestra mente, contagiándonos de emociones tóxicas que nos rodean por doquier… y todo ello produce una percepción distorsionada de la realidad, que interpretamos en muchas ocasiones como algo hostil, amenazante y sin sentido.
 
Las olas personales como una enfermedad importante, la pérdida de un ser querido, una ruptura familiar o de amistades, la falta de trabajo, la soledad… y podríamos seguir añadiendo muchas más situaciones de dolor o trauma, que se suceden una tras otra y que tendrán consecuencias más o menos graves hasta que terminan manifestándose en nuestra salud ya sea física, psicológica o emocional.

Foto de Brian Mann en Unsplash
Foto de Brian Mann en Unsplash

La trayectoria espiritual

La única posibilidad que tenemos para responder es conectar cada día con quienes somos y tomar conciencia de que lo que ahora vivimos es apenas un fotograma de la gran película que es nuestra trayectoria espiritual. Porque si asumimos de verdad que somos seres espirituales que, eventualmente, estamos sometidos a los vaivenes de las olas, podremos superar las borrascas que la vida en el mundo físico nos presenta.
 
Pero, si por el contrario aceptamos, dejándonos ganar por el miedo, que no somos nada más que un cuerpo físico y, por lo tanto, finito, terminaremos ahogándonos indefectiblemente.
 
A lo largo de la vida, hemos ido superando multitud de situaciones que nos han llevado hasta donde ahora estamos. El aprendizaje que hemos atesorado nos permite hoy contar con un montón de herramientas y recursos internos que podemos presentar para afrontar el día a día. Las experiencias asimiladas nos permitirán ser más objetivos, cuidando de que no nos mediaticen para repetir los errores sino usarlas como acicate para impulsarnos a buscar la mejor solución para gestionar la ola que se nos presenta aquí y ahora.
 
Todo ese bagaje representa como la tabla de surf sobre la que nos subiremos haciendo equilibrios para dejarnos impulsar por las sucesivas olas. El momento que vivimos como humanidad no va de esperar que deje de haber olas en el mar, ni de que venga un “pacificador” de las aguas que devuelva la calma ni, por supuesto, de que “alguien” nos lleve a otro mar, muy lejos, donde no corramos peligro… No, ahora se trata de alzarnos cada uno sobre nuestra tabla y sortear las corrientes, aprovechar el impulso de la ola para llegar más lejos y después alzarnos sobre una nueva ola y otra y otra más… Se trata de mantenernos a flote y seguir avanzando hasta llegar a esa playa soñada.

Foto de Zoe en Unsplash
Foto de Zoe en Unsplash

¿Y si nos uniéramos?

La historia de la humanidad nos habla de infinidad de momentos en los que los seres humanos han dado un gran salto en su evolución alcanzando cotas más elevadas que mejoraban su vida y la de los demás y, casi siempre, cuando ha sido capaz de unirse con otros para abarcar horizontes más amplios, para buscar el bien común por encima del individual.
 
Y lo mismo sucede si revisamos nuestra historia personal, en la que comprobamos una y otra vez como cuando varias personas se unen alrededor de un objetivo común, o de un proyecto compartido, dejan de ser células sueltas y se convierten en un órgano al servicio de una entidad mayor: la humanidad. Esa toma de conciencia es suficiente para que cada uno asuma su función, única manera de que el órgano también la cumpla.
 
Cada día, la vida nos pone delante oportunidades para ejercer el libre albedrío, nuestra capacidad de elegir y cada día nos sorprendemos con situaciones donde la lógica parece no existir.
 
Cuando se mantiene una buena actitud positiva, cuando ponemos la inteligencia a disposición de la construcción de un mundo mejor, cuando sacamos lo mejor de nosotros mismos generando amor en cualquiera de sus manifestaciones, cuando nos fijamos un propósito personal pero ampliando la mirada para incorporar a la globalidad… en definitiva, cuando generamos coherencia entre lo que pensamos, decimos, pensamos y sentimos y eso se plasma en una acción concreta, se genera una especie de manto protector que sólo actitudes y pensamientos negativos pueden eliminar.
 
Es por eso, que avanzar en compañía de gente que te quiere, que mira en la misma dirección, que está dispuesta a ponerse a disposición del bien común, implica que no estás solo/a y que, ante cualquier problema, cuando venga una ola inesperada, vas a encontrar soporte ya sea físico, psicológico o emocional.
 
El devenir cotidiano pone a prueba las creencias, nos hace cuestionárnoslas y replantearnos los valores o puntos de apoyo que hemos ido construyendo a lo largo de la vida… pero eso, lejos de ser un inconveniente, se convierte en una oportunidad que forma parte del aprendizaje evolutivo.
 
Una actitud vital de coherencia genera protección ante los constantes acechos del camino de la mente y nos ayuda a superar, por ejemplo, problemas físicos que un conflicto emocional no resuelto puede provocar, pero no se queda ahí, sino que hay que contar con las sinergias que se van a generar y que atraerán “surferos” que vayan en la misma dirección, que compartirán su conocimiento del “mar” y así unos y otros aprenderán/aprenderemos a conocer las mejores corrientes, las más seguras… Hasta que un día la humanidad esté preparada para arribar a esa isla mítica que ha poblado los sueños de los seres humanos desde que comenzaran su andadura por este planeta, ese paraíso original donde se desarrolle una Sociedad Armónica Consciente regida por la ética y los valores encauzados hacia el bien común.




              



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1.Publicado por Isabel Alfaro el 01/10/2022 22:28
Tan verdaderas y oportunas siempre tus palabras querida María, gracias por ofrecernos estas valiosas herramientas para recordar, y compartir con quienes no tienen idea que somos Creadores de nuestra Realidad!

2.Publicado por Isabel Gómez el 02/10/2022 10:42
Gracias!!

3.Publicado por Maria Pinar Merino Martin el 02/10/2022 12:18
Gracias a ambas, es un placer compartir ideas, emociones y sentimientos.

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