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Ponerse en manos de la Providencia



Luis Arribas Mercado

16/07/2026

Hoy he ido al hospital a visitar a un enfermo, Manuel. Manuel estuvo durante unos días compartiendo conmigo la habitación del hospital donde estuve ingresado para que me pusieran en vena un medicamento que, supuestamente, me iba a mejorar el funcionamiento del corazón.



Compartimos espacio y algunas confidencias y durante ese corto espacio de tiempo sintonizamos al compartir experiencias y anécdotas de juventud y profesionales. Nos dieron el alta el mismo día y ayer recibí la noticia de que le habían vuelto a ingresar porque, inevitablemente, tenía que someterse a una operación quirúrgica donde le implantarían tres bypass coronarios.

Encontré a Manuel menos tenso y menos asustado que cuando estuvimos juntos, lo cual me alegró, porque el trance que estaba pasando se diferenciaba poco del que yo he estado viviendo en varias ocasiones, donde la posibilidad de morir, tanto en el quirófano como días después rondaba la cabeza con pertinaz insistencia.

Hablamos un poco de todo y pudimos comprobar cómo, a pesar de los diferentes puntos de partida vitales, nuestras biografías tenían muchos puntos en común, sobre todo en lo relativo a cómo la vida ha ido conformando nuestras respectivas personalidades encontrando similitudes muy significativas. Yo miraba a Manuel y me parecía estar viéndome frente a un espejo, no solo por tener edades parecidas (yo unos años más mayor que él), sino por cómo era su funcionamiento vital con la familia y cómo había sido su trayectoria profesional. Seguramente, habría diferencias importantes en ambos ámbitos, pero en lo esencial habíamos funcionado de forma muy similar, quizás por eso padecíamos del mismo tipo de enfermedad.

Miedo a lo desconocido

Estar ingresado en un hospital, esperando que te operen de algo serio, es cualquier cosa menos agradable. La posibilidad de no superar la operación, de pasar al otro mundo, está ahí y solo una personalidad madura puede integrarlo. Hablo con conocimiento de causa, porque he vivido en varias ocasiones la experiencia de enfrentarme a la desaparición, a lo desconocido.

Hay un momento en todo el proceso previo a entrar en el quirófano en el que te preguntas si está pasando lo correcto, si crees que es absolutamente necesario pasar por ese trance, si no habría otra posibilidad menos traumática que la que estás viviendo. Y entonces cierras los ojos y, aunque no seas creyente, musitas un “Que sea lo que Dios quiera”.

Ponerse en manos del destino pensando que “nadie se muere la víspera” y que, por tanto, no tiene porqué ser tu día, es un pensamiento que ayuda mucho en estas circunstancias. Confiar en que todo va a salir bien, que estás en buenas manos, que los médicos del cielo velan por ti y no van a dejar que te suceda nada malo, son unos pensamientos que vienen muy bien para, llegado el momento, cerrar los ojos y “dejarte ir”.

Y horas más tarde, cuando te despiertas de la anestesia, abres los ojos y buscas ávidamente una cara conocida, alguien que te sonría y te diga: “Ya ha pasado todo. Todo ha ido muy bien. Los médicos están contentos de cómo ha ido la operación”. Entonces, tratas de sonreír y de mostrar tu mejor cara para que nadie esté preocupado. Sientes un gran cansancio y solo te apetece dormir, pero no te dejan, tienes que estar despierto, ya dormirás más tarde.

Somos algo más que un cuerpo físico

Vivir experiencias de este tipo permite reflexionar acerca de si nuestro cuerpo es todo lo que tenemos. En mi caso, sé que nuestro cuerpo físico no es más que la última manifestación de una serie de energías que se relacionan entre sí para vitalizar cada uno de los cuerpos que nos componen. El cuerpo etérico, el cuerpo mental y el emocional dan sentido a ese proyecto que llamamos "ser humano".

La medicina convencional que se aplica en los hospitales solo tiene en cuenta al cuerpo físico y, a lo sumo, las emociones que puedan afectar al enfermo. No obstante, creo que poco a poco se está admitiendo que hay otras formas de enfrentar la enfermedad menos agresiva. Aún falta tiempo, pero la globalización, la Inteligencia Artificial y los avances tecnológicos facilitarán ese cambio de paradigma de una manera progresiva.

Entretanto, bueno será que nos concienciemos de que una vida saludable en todos los sentidos es la mejor manera de no pasar por trances como los expuestos en este artículo. Y, a mi amigo Manuel, le deseo un proceso suave y exitoso que le proporcione una vida mucho más saludable que la vivida hasta antes de la operación.




              



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