cglobal

Japón 2025: Un viaje que despertó mi corazón



Cristina Arribas

26/01/2026

Un viaje a Japón que despertó emociones inesperadas, momentos de conexión profunda y la sensación de estar en casa, contado desde la mirada de quien lo organizó y vivió cada instante con su grupo.



Foto de JJ Ying en Unsplash
Foto de JJ Ying en Unsplash

Viajar a Japón nunca ha sido solo turismo para mí; siempre ha sido un lugar donde me siento en casa, donde todo encaja y donde puedo moverme con tranquilidad y confianza. Desde la primera vez que llegué, en 2012, su cultura, sus paisajes y su manera de vivir me hicieron sentir calma, armonía y seguridad, sensaciones que no encuentro en otros lugares.

El Monte Fuji y el inicio del viaje

El primer día de este viaje de 2025 comenzó con una experiencia que se quedó grabada en mi memoria: salimos del hotel a las 5 de la madrugada para ir a la pagoda de Chureito y contemplar el Monte Fuji. No fue cuestión de suerte: estuve vigilando durante días las cámaras en tiempo real para comprobar la climatología y anticipar cuándo el cielo estaría despejado, tomando en cuenta a qué hora se formaban las nubes más densas. Por eso modificamos el itinerario y pudimos verlo ese día, justo cuando amanecía durante nuestro trayecto en tren. La oscuridad aún envolvía el paisaje al partir, solo iluminada por las luces de la ciudad a lo lejos, y un silencio expectante acompañaba nuestros pasos. Cuando finalmente apareció el Fuji, se reveló en todo su esplendor y fue un momento de asombro y emoción para todos.


No puedo dejar de destacar la increíble actitud de todo el grupo ante el reto de levantarse tan temprano: A pesar de la hora, nadie se quejó y todos se mostraron emocionados por la experiencia que nos esperaba. Esa energía positiva y entusiasmo colectivo hizo que el trayecto fuera aún más especial y que la recompensa de ver el Fuji fuera compartida y celebrada por todos.
Aquí estamos todos, mis pollitos y yo, frente al majestuoso Fuji, un recuerdo que quedará grabado para siempre
Aquí estamos todos, mis pollitos y yo, frente al majestuoso Fuji, un recuerdo que quedará grabado para siempre

Un encuentro personal con el sintoísmo

Estaba en una de las salas interiores del Santuario Afuri Jinja, tras la cueva con agua sagrada donde se puede recoger el Mizugami (水神), literalmente “dios del agua” en el sintoísmo. Este agua, que los visitantes pueden llevarse de forma gratuita, se considera purificadora y protectora, y simboliza cómo la naturaleza misma tiene un poder espiritual que cuida a quienes la honran. La sala estaba iluminada por velas y faroles, y contenía estatuas y objetos sagrados que creaban un ambiente recogido y solemne.
 

Fue allí, mientras grababa vídeos, cuando de pronto me invadió una sensación que no puedo describir: lloré sin poder contenerme, aunque nunca había estado allí antes. El silencio del monte, la luz filtrándose entre las velas de la sala… todo se unió para hacerme sentir una conexión intensa y pura, como si el lugar me hablara directamente a mí.
 

Durante el viaje, mientras reflexionaba sobre lo vivido y lo que sentía, comprendí algo profundo: por fin encontraba un camino de fe que resonaba conmigo, un camino sintoísta que representaba lo que quería seguir y cómo quería vivir mi espiritualidad. El sintoísmo, con su vínculo íntimo con la naturaleza, los animales y los ciclos de la vida, me atrae más que otras religiones porque reconoce la presencia de lo sagrado en cada detalle del mundo natural, algo que siempre me ha hecho sentir paz y armonía.
 

Fue en este viaje cuando decidí adquirir un ofuda de Amaterasu en Ise, una pequeña placa sagrada que ahora tengo en casa y que simboliza ese vínculo, esa protección y esa guía que sentí tan clara en aquel momento. Me emocionó poder encontrarlo a mis 37 años, sintiendo que finalmente había dado un paso consciente hacia algo que realmente me representa. Recordé también cómo, de adolescente, mis padres me dijeron que nunca intentarían imponerme nada, que mi camino espiritual sería mío y solo mío, y que debía elegir con criterio propio aquello que realmente me resonara. Ese recuerdo se mezcló con la emoción del monte Oyama, creando un instante de conexión y claridad que todavía llevo conmigo.


Un viaje vivido de principio a fin

Este viaje fue especial porque lo viví de principio a fin con el grupo. Yo misma había organizado y diseñado la ruta, y estuve allí en cada momento, acompañando a todos. Era tranquilizador saber que los horarios de tren funcionaban al segundo, que estábamos siempre donde debíamos estar y que no perdíamos ningún transporte: esa confianza me permitió disfrutar de Japón con los ojos abiertos y el corazón presente, sin preocuparme por lo práctico. Así podíamos dejarnos llevar por cada templo, cada sendero, cada ceremonia, y sumergirnos por completo en la experiencia.
 

Uno de los momentos más memorables fue la ceremonia del té. Todos estábamos vestidos con kimonos y peinados tradicionales, y la manera en que nos explicaron cada gesto, cada movimiento, cada detalle del ritual, me dejó sin palabras. El sonido delicado del chashaku al remover el té, el aroma dulce y terroso del matcha recién preparado, la precisión de cada movimiento, la suavidad del tatami bajo mis pies… y la amabilidad infinita de quienes nos guiaban, hicieron que aquel instante se quedara grabado en mi memoria como algo mágico y profundamente humano.
 

Ese mismo día entramos en una pequeña tienda atendida por dos señoras mayores, llena de recuerdos y objetos delicados. Una de las viajeras se acercó con un detalle, y yo se lo traduje. Las señoras se sorprendieron, y en broma les dije en inglés que les estaba enseñando japonés. Cuando fui a pagar, una de ellas me preguntó en japonés cuánto tiempo llevaba estudiando, y yo, todavía en shock por haberla entendido, respondí en inglés que llevaba dos años. Les dije que se cuidaran mucho y les agradecí su amabilidad con un lenguaje formal y respetuoso por su edad. Me hicieron una reverencia que me llegó al corazón. En ese momento me di cuenta de que sabía más japonés del que pensaba, y de que su gratitud y respeto no tienen límites.
 

Más allá de los templos, los paisajes y las tiendas, lo que hizo este viaje inolvidable fue la sensación de seguridad y armonía que Japón ofrece. Las normas y reglas, escritas y no escritas, se perciben en cada detalle: cómo caminar en un santuario, la cortesía en el transporte, la puntualidad de los trenes, el respeto hacia los demás. Esa estructura me dio confianza y tranquilidad, y permitió que tanto yo como los viajeros nos moviéramos con libertad dentro de un entorno seguro.


Mis viajeros, mis “pollitos” y la alegría de compartir

Y luego estaban mis viajeros, mis “pollitos”, que me seguían a todas partes mientras yo los guiaba y acompañaba. Sus sonrisas, curiosidad y entusiasmo me llenaban de alegría y cariño. Sentir que podía abrirles la puerta a nuevas experiencias y emociones, que podía compartir con ellos mi amor por Japón, hacía que cada momento se sintiera más intenso y significativo. Cada gesto, cada palabra, cada risa compartida reforzaba la conexión que sentíamos como grupo, y me recordaba por qué organizar este viaje había sido tan importante para mí.
 

Durante el viaje descubrí también la manera única en que cada uno de ellos vivía Japón: algunos se sorprendían con la tranquilidad de los templos, otros se maravillaban con la precisión de los trenes o con los pequeños detalles de las tiendas locales. Su entusiasmo se contagiaba y hacía que cada paseo, cada comida y cada visita fuera más especial. Compartimos secretos, anécdotas y risas mientras caminábamos por los senderos, y muchas veces sentí que mi papel no era solo de guía, sino de compañera de aventuras. Sus preguntas curiosas, su respeto por la cultura y su capacidad de maravillarse con lo sencillo me recordaron que, a veces, lo más valioso de un viaje no son los paisajes, sino las personas con las que lo compartes.

Santuario de Hakone
Santuario de Hakone

La esencia de cada momento

Cada templo, cada sendero, cada paisaje y cada interacción, por pequeña que pareciera, estaba cargado de significado. El aroma de los bosques, la sensación del tatami bajo mis pies, la suavidad del kimono en mis manos, el murmullo de los visitantes respetuosos, la luz que entraba por las ventanas… todo contribuía a que cada instante fuera memorable. Japón me da paz, seguridad y armonía de una manera que ningún otro lugar ha logrado; aquí me muevo con naturalidad, con la certeza de que todo saldrá bien, y esa sensación es un regalo.
 

Este viaje no fue solo una oportunidad de mostrar Japón a otros, sino también de reencontrarme conmigo misma y con mi pasión por este país. Vivir y compartir cada experiencia, cada emoción, cada pequeño instante de conexión, me recordó por qué vuelvo una y otra vez. Japón sigue siendo un lugar al que regreso con el corazón abierto, con gratitud y con la sensación de estar en casa.
 

Y la aventura continúa: este otoño de 2026 volveremos a recorrer sus templos, senderos y rincones mágicos con la misma ilusión y cuidado. Si quieres conocer más sobre este próximo viaje y descubrir lo que nos espera, puedes echarle un vistazo al artículo aquí.





              



Artículo leído 17 veces


Nuevo comentario:

Los comentarios tienen la finalidad de difundir las opiniones que le merecen a nuestros lectores los contenidos que publicamos. Sin embargo, no está permitido verter comentarios contrarios a las leyes españolas o internacionales, así como tampoco insultos y descalificaciones de otras opiniones. Revista Conciencia Global se reserva el derecho a eliminar los comentarios que considere no se ajustan al tema de cada artículo o que no respeten las normas de uso. Los comentarios a los artículos publicados son responsabilidad exclusiva de sus autores. Revista Conciencia Global no asume ninguna responsabilidad sobre ellos. Los comentarios no se publican inmediatamente, sino que son editados por nuestra Redacción. Revista Conciencia Global podrá hacer uso de los comentarios vertidos por sus lectores para ampliar debates en otros foros de discusión y otras publicaciones.

Otros artículos de esta misma sección
< >

Lunes, 19 de Enero 2026 - 11:49 Un nuevo comienzo









Artículos

Japón 2025: Un viaje que despertó mi corazón

26/01/2026 - Cristina Arribas

Un nuevo comienzo

19/01/2026 - Luis Arribas Mercado

Hospitales: ¿Refugios ante la soledad?

13/01/2026 - Luis Arribas Mercado

El viaje del corazón

26/12/2025 - Luis Arribas Mercado

Amistad es salud

01/12/2025 - Meli Moscoso

Síguenos en las redes sociales
Facebook
Twitter
Rss


Síguenos en Facebook

últimos tweets



Libros para descarga