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Ay, ay, ay…el colesterol



Rafael Ruiz Centeno

Miércoles, 13 de Junio 2018 Visitas 126 |

Que el colesterol es algo imprescindible para nuestra vida es algo que nadie cuestiona. Forma parte de todas y cada una de las células de nuestro organismo, siendo fundamental para la cohesión de la membrana celular y participando también como vehículo de transporte de nutrientes hasta el interior de la célula.



Artículo extraído de la página web del Herbolario Plenitud
(https://herbolarioplenitud.es)
 

Es por tanto imprescindible en cualquier reparación celular o, lo que es lo mismo, en cualquier reparación de un órgano, tejido, conducto… También es el precursor (la materia prima) de todas las hormonas esteroideas (estrógenos, testosterona, cortisona, incluso vitaminas A y D...)

Entra dentro del grupo de las lipoproteínas (combinaciones de una grasa y una proteína) siendo quizá la más conocida de ellas. Hasta aquí es donde hay consenso en la comunidad científica.

Porque a la opinión, que sigue siendo mayoritaria hoy día, de que una tasa de 200 o más de colesterol total es signo de alarma, hace ya algunos años que se la rebate desde algunos círculos de médicos e investigadores. Esa nueva corriente se plantea si el tener el colesterol alto es el motivo principal que puede dar lugar a accidentes cardio o cerebrovasculares o por el contrario es la respuesta del organismo cuando ya hay daños en esos sistemas y por tanto es un proceso que no hay que revertir sino dejar actuar para esa homeostasis (búsqueda del equilibrio, es decir, de la salud por medio de una serie de procesos automatizados de nuestro cuerpo) de la que ya hemos oído hablar. Siempre y cuando el nivel no sea ya excepcionalmente alto. Algunas opiniones de estos nuevos postulados cifran ese nivel en el que ya sí que hay que intentar actuar para rebajarlo a partir de 330-350. Hacen un símil entre lo que ocurre cuando tenemos fiebre (respuesta del organismo para deshacerse de elementos patógenos) o cuando nuestro nivel de glóbulos blancos ha subido de una forma espontánea para combatir asimismo a virus, parásitos y demás microbios perjudiciales.

La solución de la medicina oficial para combatir ese nivel alto de colesterol se basa en las estatinas. Son unos medicamentos con bastante potencia cuyo mecanismo de acción se basa en bloquear una sustancia que necesita el hígado para la fabricación del colesterol y por tanto es el mismo hígado el que tiene que extraer el colesterol de la sangre, disminuyendo así el aporte de colesterol a todo el organismo. Están siempre en los primeros lugares en cuanto a dispensación de medicamentos en países occidentales desarrollados por parte de la medicina alopática (oficial) aunque se vienen publicando informes que reportan de efectos secundarios que algunos consideran como serios. Entre ellos podríamos destacar daños musculares severos, habiendo algún medicamento retirado por ello del mercado, fomento de la diabetes tipo 2 y mal funcionamiento de hígado y riñón. Esa nueva corriente que cuestiona los postulados oficiales sobre el colesterol admite que hay un porcentaje de casos pequeño en que las estatinas podrían aportar un beneficio, hipercolesterolemia familar (genética) o también en niveles ya excesivos de colesterol total, aunque propugnan que su toma se haga por periodos cíclicos dejando un descanso entre ellos y además siempre añadiendo conjuntamente una suplementación de coenzima Q10 junto a la toma de estatinas para evitar ese estrés oxidativo (por la proliferación de radicales libres) que sí que está considerado por todos como una verdadera plaga para la salud.

Las opiniones más moderadas dentro de esta nueva concepción sobre el papel del colesterol en nuestro organismo hablan del nivel a partir del cual habría que prestar una atención o seguimiento de este tema: en lugar de los 200 tradicionales hablan de la suma de 200 más la edad de la persona. Para ellos, por tanto, alguien de 35 años debería cuestionarse la conveniencia de rebajarlo (o no) a partir de un nivel de 235, y alguien de 50 años, a partir de 250.
 

Photo by AquaChara on Unsplash
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Como recomendaciones desde el punto de vista de una medicina más natural y preventiva se manejan las mismas que para otros muchos casos de desequilibrio en nuestro organismo, y vamos a recordarlas aquí:
  • Desde un punto de vista nutricional hay que ir reduciendo, y si es posible eliminar, la ingesta de azúcares en nuestra alimentación.
  • Tomar, cuantos más mejor, alimentos sin procesar e incluso sin cocinar, es decir, aumentar la ingesta de alimentos crudos. Tomar asimismo ácidos grasos poliinsaturados omega 3 en sustitución de otro tipo de grasas. Dentro de este grupo de grasas beneficiosas quizá el omega 3 contenido en el aceite de krill (pequeños crústaceos de mares fríos) sea el que mejor balance tenga para nuestro beneficio, aunque hay otras fuentes de omega 3 recomendables (aceite de pescados como los de atún, sardinas, boquerones, caballa, salmón…, los compuestos por aceites de primera presión en frío de borraja, lino, germen de trigo…).
  • Hacer ejercicio de una forma moderada pero suficiente diariamente (pasear durante 35-40 minutos al día ya cumpliría esas condiciones).

Photo by Kinga Cichewicz on Unsplash
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  • Tomar el sol también de una forma moderada y diaria. Se trata de que nuestro cuerpo elabore la suficiente vitamina D tan relacionada con este y otros muchos procesos biológicos. Si no hay posibilidad, por el motivo que sea, de esa exposición a los rayos de sol (ojo, siempre a horas en que la irrigación solar no sea excesiva), tomar suplementos de esa vitamina D, que es fácil y barata de conseguir, siendo la D3 la mejor en cuanto a biodisponibilidad (capacidad de nuestro organismo de asimilarla) y beneficios.
  • Descanso suficiente y de calidad.
  • Búsqueda del equilibrio emocional.
Como vemos, es coincidente con los cuatro pilares de la felicidad (descanso, alimentación, movimiento y equilibrio emocional) de los que nos ocupamos con asiduidad en este sitio.

Veamos ahora las alternativas más naturales para, llegado el caso, intentar controlar o rebajar el nivel de colesterol en sangre. A los más tradicionales como son la lecitina de soja, el alpiste y el ajo se han unido últimamente el jengibre y la levadura roja de arroz (esta última complementada con la coenzima Q10 que mencionábamos antes).

Y la última novedad como tratamiento natural (esos que tenemos que incluir bajo el epígrafe de complementos alimenticios ya que no pueden considerarse ni está permitido que usen el término de medicamentos) consiste en tomar infusiones de planta seca de estevia . Infusiones de hoja seca de la planta, sin tratar, que ya vuelven a poder comercializarse en nuestro país.

Muy bien. Tener más información acerca de distintas formas de abordar temas relacionados con la salud, con nuestra salud, nunca está de más ¿verdad? Sobre todo porque nos acerca a esa situación más real y más justa como es el responsabilizarnos también de ella como nos responsabilizamos de otros aspectos de nuestra vida.




              

Tags : colesterol, salud

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