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Gracias, Zen



Sara Amez

01/04/2019

La pérdida de un animal de compañía puede ser tan dolorosa como la pérdida de un ser humano querido. Los perros te aman incondicionalmente, sin rencores ni juicios. Siempre estarán dispuestos a acompañarte en el viaje de la vida.



Santander, 12 de noviembre de 2018
 
Llevo varias noches que me duele el corazón físicamente de echarte de menos. Y ayer por fin me decidí a volver a casa a pesar de tu ausencia, para enfrentarme a mi soledad y a mi dolor. Me levanté del sofá de casa de mi amiga, pensando que aún me esperabas y que tenía que darte de cenar… pero te habías ido, a mi parecer antes de tiempo. Recordé al abrir la puerta, la felicidad que sentías de retornar a nuestro hogar, y así sonriendo ante tu recuerdo giré la llave y entré, imitando tus buenas costumbres, como una especie de homenaje a ti.
 
Si tuviera que describirte a alguien que no te ha conocido, escogería palabras como Ser de Luz, Energía, Disfrute, Serenidad y al mismo tiempo Exaltación, Ternura, Inocencia, Presencia, Fuerza, y un largo etcétera. Pero, sobre todo, AMOR, amor en estado puro, ¡porque amabas a todo el mundo, humanos y animales… salvo contadas excepciones!
 
El pasado fin de semana, realicé mi primera ruta de senderismo por nieve de la temporada, y por supuesto te imaginaba saltando de felicidad cuál canguro, mostrando tu entusiasmo por la sencillez de sentir como te hundías sobre el manto blanco que cubría la tierra… porque así lo habías hecho en ocasiones anteriores. Te daban esos momentos de “locura exacerbada”, en los que contagiabas endorfinas a quien tuvieras cerca. En esta ocasión,  continué la ruta con nostalgia, sintiendo que me acompañabas mágicamente y alternabas las visitas al río para bañarte (a pesar de que el agua estaría gélida) con asegurarte que seguíamos por el sendero correcto y así ambos, cuidándonos, tu a mí y yo a ti, tu a mi tribu y mi tribu a ti... y ahí me prometí contar tu historia, una biografía muy especial, que se remonta tiempo atrás, incluso a cuando nació tu mamá.
 
En aquella época, vivía por temporadas en Florencia y mi familia italiana de aquel entonces decidió criar a una labradora canela que llamó Giada. En su etapa de cachorro y posterior crecimiento compartí mucho tiempo con ella. ¡La gente nos paraba por la calle maravillada por su inocencia, belleza y bondad y yo adoraba estar con ella! Y como otro ciclo de la vida que se sucede, tuve que volver a España e hice mi duelo de separación con mi familia italiana y la que para mí era mi gran compañera, con la promesa de que, si tuviera descendencia, uno de sus hijitos lo cuidaría yo (y cuando creciera nos cuidaríamos mutuamente).
 
Cinco años después naciste tú y gracias a ello, me reencontré con mi familia italiana.  Stefania: infinitas gracias por hacerme el regalo más bello del mundo. Y a ti, amiguito del alma, porque conseguiste cosas que nadie antes consiguió y que me gustaría agradecerte:
 
  • Conseguiste abrir el corazón a mi madre, te adora y sufre por tu ausencia como nunca antes ha sufrido por la pérdida de alguien. La enseñaste a ser cálida, cariñosa, protectora… conseguiste que aflorara ese instinto maternal y protector que nadie antes la había enseñado a mostrar. No la he visto reír tanto y estar tan en el presente como contigo. Por todo ello, un gran GRACIAS.
  • Te hiciste amigo de Clarita, una labradora negra como tú, y eso hizo que su respectiva amiga humana, Rosa, y yo, fraguáramos una amistad mágica y perdurable más allá de la distancia. Tenemos infinidad de experiencias preciosas los cuatro juntos que guardo agradecida en mi corazón.
  • Conseguiste que algunas de mis amigas y amigos del alma, que no habían conocido la amistad entre humanos y animales, ¡especialmente tu “tía” Paula, la cual tenía cierto miedo a tus congéneres, se congraciase con tus semejantes y aumentara su nivel de tolerancia al olor y babas! Y hasta le resultaba terapéutico cuidarte… porque estar contigo era amar la sencillez y recibir tanto amor… ¡Y no fue la única (Isra, Alex, Pilar)… Gracias por ello!
  • Gracias por cuidar de nuestra tribu de sobrinos (Alejandro, Lupita, las pulguis…).
  • Gracias por querer y adorar tanto como yo, a tu familia del pueblo, y todo lo que encarna la simplicidad de esos retiros aldeanos ¡aunque les diste unos cuantos sustos con tus aventuras!
  • Gracias por acompañarme en mis momentos más frágiles, dándome la fuerza necesaria para levantarme y poder pasear contigo por entornos naturales de manera que poco a poco me sanase por dentro.
  • Gracias al destino porque nos uniera a ambos para compartir experiencias, o gracias a ti por escogerme como compañera de vida, porque no podría haber tenido mejor amigo y mejor familia encarnada en ti… Eres el ser de amor más puro que haya jamás conocido. Aún tras tu marcha, tu luz permanecerá perenne en mi corazón.
 
Por otra parte, sé que tú también querrías agradecer a tu (nuestra) gente varias cosas:
  • Gracias a cada uno de vosotros que habéis llorado junto a Sara y habéis compartido su pena.
  • Gracias especiales a Pilar, Carol y Barbara por proporcionarle sostén en mi reciente avatar.
  • Gracias por la luz y energía sanadora que me habéis enviado para poder sanar.
  • Gracias a todos aquellos que, siendo familia escogida de Sara, lo fuisteis por tanto también mía.
 
Ante su marcha, me dolió algunos sueños hechos añicos que quería cumplir junto a él (hacer el Camino de Santiago juntos, que conociera nuestro futuro nuevo hogar y familia…) y su pérdida, la sensación de vértigo que invade ante ese vacío de amor y ausencia del ser querido. Y comenzaron a surgir un sinfín de preguntas que María amablemente me contestó...
 
  • ¿Dónde van las almas de los animales?
Van a un espíritu común no individualizado donde las energías más evolucionadas son las que aportan los animales que han tenido contacto y convivencia con los seres humanos.
  • ¿Me acompañará cerca hasta que yo traspase este plano?
Sí, las energías positivas de todos aquellos que se van se mantienen como protección para la persona que se queda. Así que Zen estará a tu lado para dar sentido al vínculo que os unió en que tú le ayudaste a él a evolucionar y él a ti también. Porque aprendiste a amar, incondicionalmente, a cuidar, a responsabilizarte, a ser generosa, agradecida, a ser feliz con las cosas pequeñas... En fin, tanto y tanto…
 
Buscaba el consuelo de coincidir en próximas vidas, de confirmar que habíamos hecho un pacto de almas para ello. Y de algún modo vivir el dolor de su ausencia no desde el fin de un ciclo de la vida, si no desde la transformación, el cambio de forma.  Lo que tengo claro es que nuestro amor no se acaba por tu muerte. Y ahora me toca confiar en mí y en que volveremos a encontrarnos… TE QUIERO Y TE QUERRÉ POR SIEMPRE ZEN




              



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