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Estamos ávidos de corazón



Juan Miguel Cuenca

Jueves, 16 de Agosto 2018 Visitas 97 |

En esta época de tanta falta de liderazgo se hacen patentes nuevos conceptos colectivos que reclaman la democracia económica y de medios de producción que asistan la evolución de la humanidad globalizada, en principios, valores, decencia social y cultural, basada en un plan de justicia universal con el concepto de reparto sin exclusión de mapa o territorio.


Photo by Melissa Askew on Unsplash
Photo by Melissa Askew on Unsplash

Nos está costando cada vez más expresarnos en positivo, hemos olvidado lo que son las buenas noticias, todo a nuestro alrededor es un mensaje constante de miserias humanas, desolación sin perspectiva y crítica severa hacia el mundo en que vivimos.
 
La ventana de los informativos más divulgados (televisión, radio, prensa y sin olvidar la red) se ha convertido en un escaparate de las miserias del mundo y la maldad como objetivo para conseguir globalizar un sistema de vida del individualismo en la carrera del tanto tienes tanto vales en un mundo sin ética ni decoro, falto de los valores que fueron y deberían ser el motor del desarrollo y la convivencia de un mundo universal.
 
No nos valen los concursos competitivos, los ejemplos de corruptelas amparados en el servicio publico de la política y la validez individualista de triunfadores en la mediocridad de un mundo hecho a su fiel semejanza de privilegios tan manidos y viejos como el modelo de vida que enmascaran tras la palabrería de los viejos vendedores de la manta o el elixir de la eterna juventud.
 
Mientras tanto, nos picamos en su vorágine y reaccionamos en la desmedida crítica de instituciones necesarias para el funcionamiento social, económico y la expresión democrática. No es a las instituciones ni su validez lo que hay que cuestionar, ni siquiera los sueldos, que sí que deberían ser equiparables y más cercanos a los de la inmensa mayoría. Deberíamos centrarnos en la solución a los problemas sin la acritud del resentimiento y la distancia, sin la barrera de los unos para con los otros, porque de lo que se trata es de desalojar del templo a toda una panda de personajes que se pusieron a sí mismos el galón de mando sobre sus hombros para entre unos pocos mandar (que no gobernar) a la inmensa mayoría
 
Si el poder financiero, los mercados, sus agencias, el viejo y nuevo cruel capitalismo de siempre se refunda, adquiere formas nuevas sin una salida a la crisis actual para que todo siga como está, domesticando gobiernos e instituciones para imponer sus criterios y su ganancia  en detrimento de la mayoría de la sociedad, tendremos que levantarnos en positivo, luchar y cambiar con nombre y apellidos a quienes desde una y otra opción política están haciendo mal uso del mandato de la democracia y la ciudadanía llamada de tarde en tarde a las urnas. 
 
Tendremos que atender (no solo al pan y circo, al espectáculo que nos dan y entretiene como los viejos cines de sesión continuada) cada día lo inmediato.
 
Estamos ávidos de más corazón, de sensibilidad amorosa, nos sobra intelecto de malicia y tendríamos que acercarnos al viejo concepto de la aldea que pregona desde la puerta de la choza el nacimiento de un nuevo ser venido al mundo, al concepto de la alegría que produce en los pueblos sin habitantes o con muy pocos, la llegada de una pareja joven en espera de un hijo. La buena nueva de la vida, no es una aventura peregrina, ni un consumidor en potencia para hacer ingresos en la cadena de consumo, es la continuidad de la VIDA de los pueblos en la armonía global de un mundo que pide auxilio para poder regenerar el corazón y la alegría. 
  
Ante todo esto la reacción personal no puede hacerse esperar, necesitamos incentivar nuestra actitud de personas dispuestas a corregir errores que son personales, intentar compartir el pan y la alegría, realizar la prueba de qué haríamos nosotros, si seríamos capaces de convivir con nuestros mas allegados, incluso con el vecino de escalera al menos una semana, leer en el mismo libro, escribir en el mismo cuaderno y mirarnos a los ojos cada mañana al poner pie a tierra. 
 
Hay tantas cosas que cambiar y que no pueden esperar, porque no es que se acabe el tiempo, es que administramos mal nuestro tiempo Hay que dar prioridad a la vida y a sus complementos: la buena educación, la sanidad, la atención a nuestros mayores y a la infancia, el respeto y la connivencia con el planeta, con la madre tierra… 
 
Tenemos que volver a poner los bueyes delante del carro y no a la inversa, el carro delante de los bueyes, volver al tiempo de la esperanza sin hacer dejación, siendo activos en nuestro desarrollo personal globalizando el bien y desterrando del templo de las instituciones a los fariseos que se disfrazan de oportunismo para decir que son o hacen lo que en realidad no hacen ni harán porque son la voz del amo inconsciente de la oleada de neoliberalismo que recorre el mundo.
 
Los verdaderos cambios, la luz en el mundo llegará cuando tengamos los corazones llenos de las ideas del reparto para poner fin a la necesidad de compartir solidariamente, cuando desterremos la codicia personal de acaparar y amasar fortunas individuales, cuando la utopía y el horizonte cubran de esperanza las alamedas del pensamiento que emane del sentimiento dejando la mente relegada a la investigación y desarrollo de la humanidad, en los cuidados y el respeto para con la madre tierra. Pero además nada nos será dado por añadidura si no ponemos de nuestra parte la participación en la lucha por un mundo mejor. Estamos llamados a intentarlo cada día, nuestro concurso y el de todos es imprescindible, sin el grupo y el equipo nada es posible.
 
Un grupo nuevo que oriente, que abra nuevas vías de comunicación y entendimiento en los distintos colectivos y sensibilidades luchan para cambiar el mundo. Ir más allá del individualismo y el ansia de los protagonismos.
 
En esta época de tanta falta de liderazgo se hacen patentes nuevos conceptos colectivos que reclaman la democracia económica y de medios de producción que asistan la evolución de la humanidad globalizada, en principios, valores, decencia social y cultural, basada en un plan de justicia universal con el concepto de reparto sin exclusión de mapa o territorio. Una verdadera federación de países y estados partidarios del principio de la igualdad de todos, porque de no producirse los cambios tendremos que seguir juntándonos en calles y plazas para protestar indignadamente contra este disparate de vivir el sin vivir de recortes y eliminación de los derechos que son consustanciales con el ser humano y su vida en el planeta.

Juan Miguel Cuenca
(www.casasruralesladerrubia.com)




              


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