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El pensamiento



Rafael Curbelo

02/10/2023

Se argumenta, supuestamente con razón, que el hecho diferencial más notorio entre los seres humanos y los animales es el pensamiento. Pero que este pensamiento haya tenido entre nosotros un desarrollo evolutivo correcto es más cuestionable, sobre todo teniendo en cuenta la situación en la que la humanidad se encuentra en estos momentos.



Foto de Juan Rumimpunu en Unsplash
Foto de Juan Rumimpunu en Unsplash
Si entendiéramos el pensamiento como la acción y efecto de pensar se podría desprender de esa escueta y simple acepción que, dada su ambigüedad, cualquier resultado que obtuviéramos de ese pensamiento sería semánticamente correcto.
 
Pero si hacemos un análisis del pensamiento, aunque fuese de forma somera, un poco más profundo, llegaríamos al punto de entender que el resultado final de ese pensamiento vendría influido por infinidad de factores que daría como resultado un sinfín de posibilidades.
 
Somos lo que pensamos, según se argumenta filosóficamente, y siendo coherentes con esa tesis debería haber tantos pensamientos como seres pensantes, pero evidentemente esto no ocurre así.
 
Y es en este punto donde me gustaría incidir. Para ello, y sin necesidad de tener que hacer una profunda reflexión me hago las siguientes preguntas: ¿Por qué damos por válidas las decisiones que otros toman en nuestro nombre? ¿Por qué las admitimos como correctas si esas decisiones son contrarias al más fundamental de los derechos, como es la propia vida? ¿Dónde está nuestro pensamiento objetivo que se nos supone a todos los seres humanos?
 
Resulta evidente que son muchos los factores que se dan en nuestra actual sociedad para que esto ocurra de tal modo.
 
El primer factor a tener en cuenta es el hecho que vivimos en una sociedad hipócrita y hedonista que utiliza como principal argumento de su existencia la explotación del hombre por el propio hombre, y bajo estos auspicios se desencadenan toda una serie de hechos lamentables y trágicos que sobrepasan cualquier lógica del pensamiento.
 
Resulta bastante doloroso tener que admitir el pensamiento que otros te quieren imponer, aunque se basen para ello en supuestos derechos que les otorgan unas leyes que ellos mismos inventan para su conveniencia. Pero mucho más terrible resulta el hecho de ceder "voluntariamente" tu consentimiento para que en tu nombre hagan valer "su derecho" para privar el derecho más elemental que tiene el ser humano: ¡LA VIDA!
 
Los acontecimientos que suceden en buena parte del mundo que llamamos son de todo punto insostenibles para cualquier pensamiento que se considere mínimamente coherente por mucho que pretendan justificarlos quienes cometen tal barbaridad y aquellos que le brindan cobertura "legal" para que puedan continuar con semejante atrocidad.
 
Nada puede haber que justifique la muerte de seres inocentes. Y en este punto tengo que reconocer que inocentes somos todos y cada uno de los seres humanos. Además, se da el agravante de que esa acción proviene de todo un estado soberano que haciendo uso de una fuerza desproporcionada tiene aterrorizado a todo un país.
 
Quizás lo más lamentable de todo sea el silencio del resto del mundo ante las situaciones de guerra, hambre, injusticia, desigualdad, explotación de los recursos naturales, etc.
 
En alguna ocasión se nos ha dicho que nuestra actual sociedad está adormecida, influenciada sobremanera por el "sueño de los sentidos", y esto es un hecho cierto. Pero aquellos que somos capaces de entender la vida de otra manera debiéramos alinearnos en la intención de hacer llegar al resto de la humanidad que existen valores que deben ser tenidos en cuenta, por encima incluso de la "razón", "la ley" y hasta el propio "estado de derecho", y este valor no es otro que el: DERECHO A LA VIDA.
 
Movámonos en esa idea, en la certeza de que ese movimiento nos va a ayudar en el proceso de decantación de las tan ansiadas SOCIEDADES ARMONICAS.
 
AYALA - NIJOTA (R. Curbelo)




              



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