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La historia de un tronco de Brasil



Maria Pinar Merino Martin

18/01/2023

Hoy hemos tenido que cortar cuatro ramas de nuestro tronco de Brasil, una enorme planta que ya hace meses que llegó al techo… lleva con nosotros cuarenta años y se ha convertido en un verdadero árbol.



Ha sido un momento difícil, duro, mi marido y yo nos hemos acercado, hemos acariciado sus largas hojas y le hemos pedido perdón, le hemos dicho cuanto la queremos y la hemos prometido que la seguiremos cuidando para que se recupere de esta poda obligada y para que crezca fuerte y saludable.
 
Cuando nos la regalaron, mis compañeros de oficina, con motivo de nuestra boda, apenas tenía 50 cms. de altura y solo dos pequeños tallos, después fueron saliendo más tallos y la planta creció y creció hasta que hace varios meses nos dimos cuenta de que tocaba el techo y las ramas se iban doblando, incluso varias veces nos la encontramos caída sobre el sofá o en el suelo… a pesar de estar plantada en una gran maceta con mucha superficie y profundidad, el peso y la altura de las ramas hacían que terminara vencida.
 
La habíamos puesto unas guías y la habíamos atado, pero volvía a caer una y otra vez. Finalmente, esta mañana hemos visto que no había otra solución que podar esas ramas tan altas que ya chocaban con el techo: había que cortarlas. Quiero pensar que sus caídas era su forma de decirnos que había llegado el momento de ampliar sus horizontes, su mirada, su deseo de formar parte de nuestra familia, pero en las casas de las ramas de nuestro tronco familiar que surgieron como nuestros hijos.
 
Habíamos buscado información en Internet sobre como podar esa planta, habíamos hablado con el jardinero… pero dilatábamos el momento, hasta que hoy tomamos la decisión al darnos cuenta de que no podíamos seguir postponiéndola.
 
Porque dolía algo ahí bien adentro en el pecho. Esa planta ha estado en el salón de las distintas casas en que hemos vivido, ha sido testigo mudo de nuestra vida, del nacimiento de nuestros hijos, del aumento de la familia, de fiestas y reuniones, ha estado presente en todos los eventos familiares que hemos vivido… ha sido testigo de llegadas y de partidas, de bienvenidas y despedidas… tantas vivencias que es imposible contarlas.
 
Ha estado ahí, presente, acompañándonos fielmente en las alegrías y las tristezas… y hoy, seguramente para ella y para nosotros, tocaba empezar una nueva etapa.
 
Han sido cuatro grandes ramas las que hemos cortado y que estaban ya dobladas y deformadas por la gran altura que habían alcanzado… y ha quedado una sola rama, la más joven, medirá poco más de un metro, es recta y fuerte con hojas de un verde intenso que se bambolean cuando la movemos.
 
Ahí quedó la planta en la enorme maceta, enganchada al tronco original y ahí quedaron los restos de las ramas cortadas.
 
He limpiado las hojas una a una con un paño húmedo de las ramas cortadas, quitándoles el polvo y aprovechando la excusa para acariciar cada hoja. Voy a cuidar de ellas para que den origen a nuevas plantas, que sean el comienzo de nuevas creaciones ya sea en nuestra casa o en casa de nuestros hijos.
 
Tenemos cuatro hijos ¿casualidad? No creo en ella. Sé que estas plantas seguirán estando presentes en nuestra vida, seguirán acompañándonos… tal vez ha llegado el momento de abrir oportunidades de comienzo a los que vienen detrás, hay que abrir huecos siempre, dejar espacios para que surja lo que viene, lo que está por llegar a nuestra familia.
 
Cuando pienso en ello se suaviza esa punzada de tristeza, de dolor que está ahí dentro todavía, sé que mi mente y mi corazón me dicen que es lo correcto, era lo que había que hacer. Quizá es el momento de ampliar la mirada y reconocer el correcto proceso de la VIDA que se manifiesta en cambios, a veces pequeños y a veces muy grandes.
 
Es el momento de formar parte de ese proceso, de acompañar, cuidar y proteger para que, a esa planta pequeña, que permanece en el mismo sitio, no le falte de nada… Y también de cuidar y atender a las otras cuatro nuevas plantas para que tengan todo lo que necesiten para desarrollarse, en otra tierra, en otras macetas, en otros lugares… dejar que sean responsabilidad de otros.
 
Nosotros nos quedaremos con la pequeña, creo que la identificamos con nuestro nieto más chiquito que tiene siete años. Las otras, cuando estén bien enraizadas, irán con nuestros hijos, llevan en sí mismas la memoria de esta familia y ahora seguirán almacenando experiencias, recuerdos, sentimientos y emociones de las familias de nuestros hijos.
 
Me reconforta ese pensamiento, me gusta pensar que la energía que aporten esas plantas a sus nuevos hogares estará impregnada de nuestra frecuencia, de nuestra nota familiar, de los valores, la ética, las experiencias que hemos compartido.
 
La vida nos coloca en situaciones en que hay que dejar marchar, a veces personas para que sigan otros caminos, a veces cosas, a veces ideas y creencias, a veces certezas y otras veces incertidumbres.
 
Cuando llega el momento de plantarse ante una bifurcación, o dos, o tres, o cuatro, hay que saber colocarse y dejar ir para que la vida siga abriéndose paso con el brote de nuevas hojas en el caso de las plantas, con el surgir de nuevas experiencias en el caso de las personas… En definitiva, se trata de crecer, de evolucionar, de llegar siempre lo más alto que podamos, lo más lejos que podamos, pero sin perder la conexión con lo que está más adentro de nuestro ser.
 
Gracias Tronco de Brasil por tu enseñanza, por tu saber estar y por acompañarnos durante estos cuarenta años. ¡Buen Camino!




              



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