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Benahoare - La isla de La Palma



Maria Pinar Merino Martin

06/04/2026

Benahoare es el nombre que le daban los guanches, los aborígenes canarios a la isla de la Palma, se podría traducir como “mi tierra” o “tierra de los hijos del valle fértil”.



Foto de David Monje en Unsplash
Foto de David Monje en Unsplash
Los benahoritas vivían de la agricultura, la ganadería y la recolección y tenían su propia lengua y tradiciones antes de la conquista española en el siglo XV.
 
La isla de La Palma tiene una identidad muy marcada dentro del archipiélago de las Islas Canarias, y el carácter de sus habitantes —los palmeros— suele describirse con varios rasgos culturales bastante reconocibles. Convivir con ellos, descubrir sus valores, su ética y su conexión profunda con la naturaleza es toda una experiencia.

Carácter tranquilo y reflexivo

Todo aquel que haya convivido con los palmeros estará de acuerdo en que suelen tener fama de ser personas tranquilas, pausadas y reflexivas. La isla es muy verde, montañosa y menos turística que otras como Tenerife o Gran Canaria, y ese entorno ha influido en un estilo de vida más tranquilo y reposado.
 
Lo primero que choca al visitante es el aprecio por la vida sencilla y el ritmo lento. Entrar a un bar para pedir un barraquito (un café típico de allí) solo se puede hacer con paciencia pues enseguida se aprecia que no suele haber tanta prisa ni estrés como estamos acostumbrados.
 
Tal vez el aislamiento geográfico ha creado en la sociedad palmera un talante muy comunitario. Así es fácil observar como los pueblos y los barrios mantienen relaciones muy cercanas.
 
Las primeras veces que visité la palma… allá por los años ochenta, me resultó curioso observar que en las carreteras y en los caminos de las fincas había grandes canastos que ofrecían aguacates, plátanos, tomates, papas… y otros productos de la huerta. La mayoría de los palmeros tienen una tierra donde plantan lo que necesitan para ser casi autosuficientes. Ponían sus excedentes en el exterior invitando a los que pasaban por allí a tomar lo que necesitaran.
 
Por aquellos años era fácil asistir sorprendidos al trueque que se producía en las plazas de los pueblos entre los vecinos.
 
El carácter cercano les hacía muchas veces ponerse de acuerdo para ir varios vecinos juntos a trabajar la tierra de uno de ellos, otro día de la semana iban a ayudar en las tareas a otro… y así compartían el trabajo como una verdadera comunidad.
 
La mayoría de la gente se conoce entre si o tiene vínculos familiares. Las fiestas locales y las romerías son claves para lograr esa cohesión social. Incluso en la capital, Sta. Cruz de la Palma se puede apreciar ese ambiente cercano y abierto.

Ingenio y sentido del humor

Dentro de Canarias existe el estereotipo de que los palmeros tienen mucho ingenio y un humor fino, a veces irónico o un poco socarrón. Les gusta practicar la conversación y el debate tranquilo. Se puede apreciar enseguida su agudeza verbal y la capacidad de contar historias.
 
También hay que reseñar la gran cantidad de artistas que hay en la isla: pintores, escritores, músicos, poetas, narradores… son facetas que brotan por doquier posiblemente amparados por la naturaleza virgen de la isla.

Resiliencia

La isla ha vivido momentos duros que han marcado el carácter colectivo. El más reciente fue en 2021 con la erupción del Volcán de Cumbre Vieja, hoy conocido como el Volcán Tajogaite. En esa catástrofe muchos palmeros perdieron casas o tierras.
 
Aun así, se vio una gran capacidad de solidaridad y resiliencia entre vecinos. Había una frase que se repetía por doquier: “Lo que sucede conviene”. Te respondían ante lo que estaban viviendo. Ellos decían: “Tal vez hoy no comprenda el sentido que tiene lo que está pasando, pero se que con el tiempo lo entenderé y será para bien”. Era una prueba de confianza total en el correcto proceso de la vida.
 
Posiblemente todas las experiencias duras y difíciles que ha vivido este pueblo refuerzan mucho el sentimiento de pertenencia a la isla.

Orgullo por su tierra

La Palma es conocida popularmente como “La Isla Bonita”, por su naturaleza y paisajes como el Caldera de Taburiente. Los palmeros suelen sentir mucho orgullo por su paisaje y tradiciones. Existe una fuerte conexión con la agricultura, los bosques y el mar.
 
Dentro del propio archipiélago canario a los palmeros a veces se les percibe como algo más reservados e introspectivos que los habitantes de las islas más grandes o turísticas. Así el turismo que atraen es de personas amantes de la naturaleza, de prácticas de montaña, senderismo, observación de la naturaleza, etc.
 
La isla está recorrida por cientos de senderos que te llevan a conectar con la calma, el silencio… es fácil sentir el abrigo de los árboles centenarios, el acogimiento de los barrancos, que como auténticas grietas en la tierra permiten que brote una energía poderosa que surge del núcleo mismo de la madre tierra. Recorrer los caminos escuchando el sonido del agua acompañándote en una melodía eterna que se mete dentro de ti.
 
Sus cumbres te permiten tener los pies en la tierra y las manos en el cielo. Desde allí todo el mundo recupera el recuerdo de amplios horizontes, de mirada sin límites, de posibilidades infinitas para ti, como ser humano.
 
El mar bravo y sosegado nos recuerda nuestro mundo emocional y nos reconcilia con él, diciéndonos una y otra vez que todo puede volver a la calma...
 
Conectar con la fuerza de los volcanes es despertar nuestra propia fuerza interior y aprender a manifestarla de forma adecuada para entender que después de una “erupción” la tierra se hace más rica, con el tiempo se abre para recoger nuevas semillas que fructificarán con la riqueza de los minerales que aporta.
 
Y las noches, tumbarse a observar la bóveda celeste es un privilegio, te parece que estás viendo la bóveda de un planetario. Dejar que la vista vague de una estrella a otra para darte cuenta que a los pocos minutos sientes que eres una estrellita más de ese firmamento acogedor como un paraguas protector… Y sentir el vínculo con esos miles de puntitos luminosos que parecen conectados entre sí por fuerzas invisibles…
 
Pocos lugares quedan en el planeta tan vírgenes, tan auténticos, tan potentes… Se han hecho investigaciones para medir las alineaciones energéticas de los lugares, los vórtices telúricos y otros lugares de alta vibración… contaremos las investigaciones que se han llevado a cabo en el próximo artículo.




              



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