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El Castillo del Corazón



Observadora Consciente, Valedor de Causas Nobles, Consciencia Activa y Nido de Ángeles

31/07/2019



Imagen de Ales Krivec en Pixabay
Imagen de Ales Krivec en Pixabay
Érase una vez en un país muy muy lejano un castillo perdido en unas tierras remotas. Para llegar al castillo había que pasar unas veces por unos verdes prados iluminados por el sol y disfrutando de la caricia de una brisa inigualable y en otras el camino se hacía difícil por zonas inhóspitas, escarpadas y difíciles de recorrer.
 
El castillo estaba situado en una verde pradera atravesado por un rio de aguas tranquilas con una abundante vegetación y fauna. Muy cerca se encontraba un fértil campo donde sus habitantes cultivaban toda clase de alimentos que abastecían sus necesidades.
 
Este castillo lo llamaban el “Castillo del Corazón” y ahora diré por qué.
 
Los habitantes del castillo tenían como lema que todo lo que pensaran, hablaran, sintieran o hicieran estaba generado desde el corazón.
 
Vivía allí una sabia mujer a la que llamaban Observadora Consciente, era la encargada de dirigir las meditaciones y maestra en motivación, avisaba de los peligros que nos podíamos encontrar cuando nos aparecían los asaltantes del camino: las dudas, los miedos, los resentimientos, la envidia y sobre todo los egos.
 
Había comprobado que cuando te sientes invadido por la tristeza, deprimido por cualquier acontecimiento o suceso te baja tu tono vibratorio y es más fácil que aparezcan los asaltantes por lo que su función era motivar en esos momentos, abrazando, apoyando dando palabras de ánimo. Y decía que unos aditamentos muy útiles para abrir el corazón son la generosidad, la compasión y el sentido del humor, por eso una de sus terapias era la “risa compasiva”. A sus clases asistían personas de todas las edades y lugares.
 
Había, también, en este Castillo una inmensa biblioteca con ejemplares ancestrales, de todos los tiempos y lugares, libros de las estrellas. El encargado de la biblioteca, el bibliotecario llamado por todos Valedor de Causas Nobles encontró un pergamino que decía así:
 
UN CUENTO
 
Hace muchísimos años, en un pueblo de la Sierra, la población no enfermaba, estaban todos sanos, y eran gente muy agradable y simpática; eran muy felices y el pueblo más cercano estaba a tres días a caballo.
 
Cuando aparecía algún forastero, muy raras veces se marchaba y cuando lo hacía prometía volver para quedarse.
 
Un día aparecieron tres caballeros en la plaza del pueblo, la gente se quedó un poco extrañada, pero al rato se acercaron unos vecinos y les preguntaron a los caballeros si podían ayudarlos en algo, a lo uno de los caballeros respondió: “Si, hemos venido desde muy lejos porque hemos oído, pensamos que son sólo rumores, que en este pueblo la gente no enferma, están sanos y algo más difícil de creer ¡que son felices!”
 
Otro de los caballeros dijo sin poder contenerse: “¡Y eso es imposible!”
 
Los vecinos se quedan mirándose unos a otros y con una amplia sonrisa dibujada en su cara le respondió al caballero que tenía más cerca: “Esta tarde nos vemos en el Gran Salón (una casa grande que está en la ladera de la colina a las afueras del pueblo en dirección Este). Si lo deseáis podéis asistir y quizás encontréis respuesta a vuestras inquietudes”.
 
Al llegar la tarde los caballeros se dirigieron al lugar convenido. Cuando entraron en el Gran Salón se llevan la primera sorpresa: Todo el pueblo estaba allí.
 
Los caballeros tomaron asiento y dijeron: “Bien. Somos todo oídos”.
 
Los vecinos del pueblo les dieron la bienvenida poniéndose de pie y llevando su mano al corazón. Después se adelantaron una anciana y una muchacha joven.
 
La anciana les dijo: Os vamos a contar nuestro secreto”. 
 
Todos los vecinos estaban callados y los caballeros algo nerviosos, pues apreciaban en el rostro de las personas una felicidad algo especial.
 
La muchacha joven les dice: “Tranquilizaos por favor, haced tres respiraciones profundas y relajaos”.
 
La anciana toma la palabra y les cuenta que todos en el pueblo siguen unas enseñanzas que aprendieron de sus mayores y éstos -a su vez- de los suyos y así hasta llegar a un conocimiento que se pierde en el origen de los tiempos y que consiste en pensar, hablar, sentir y actuar… ¡Con el corazón! Cuando alguien cae enfermo o tiene alguna dificultad, un grupo de personas se reúne en el Gran Salón y les envían a las personas necesitadas energía para sanar y solucionar los problemas.
 
Todo el pueblo ha desarrollado esas capacidades, todos están educados en el bien común, respetan su entorno, cuidan los ríos, los animales, la naturaleza de la que se sienten parte y lo hacen con Amor y Humildad, que son dos de sus pilares más fundamentales.
 
Uno de los caballeros se levanta, pide permiso para hablar y dice: Soy el señor de este condado. Estoy asombrado de lo que acabo de escuchar. Me gustaría abrir escuelas por todo el reino para transmitir estas enseñanzas a todos los habitantes del condado, pues me parece maravillosa, la forma de vivir de este pueblo. Por cierto -pregunta- ¿Cómo se llaman estas enseñanzas?”.
 
Todo el pueblo, como si se tratara de una sola voz contesta: “El Camino del Corazón”.
 
Y gracias a estas enseñanzas todo el que acudía a esta escuela adquiría una Consciencia Activa y despierta, lo cual les permitía trasmitirla a todos cuantos se les acercaban, su familia, amigos, compañeros de trabajo y también aprendían los que no eran tan amigos, ya que se asombraban de su especial manera de interpretar la vida y resolver sus problemas.
 
Toda esta manera de vivir se fue extendiendo cada vez más y más por todo el condado, incluso tierras lejanas, ya que venían personas de todos los confines de la Tierra atraídos por la felicidad de sus gentes y la abundancia de sus cosechas.
 
Y llegó un momento en que todo el planeta, gracias a la masa crítica, pensaban, hablaban y actuaban desde su corazón. Se acabaron las guerras, el hambre, las desigualdades sociales, convirtiendo nuestro hermoso planeta azul en todo un ejemplo de Amor y de lo que se puede conseguir actuando desde el corazón.
 
En el Castillo del Corazón, los días transcurrían trabajando y aprendiendo las enseñanzas sobre el Corazón. Escuchar las clases y practicarlas para poder impartirlas a los poblados cerca del Castillo era mi misión. Yo soy Nido de Ángeles
 
El poblado Suroeste, tenía serias dificultades para entender, pues no prestaban atención, así que me empleé a fondo y conseguí vencer los despistes que tenían con amabilidad y paciencia. Y poco a poco fueron aprendiendo las enseñanzas del Corazón y llegaron a ser expertos en dicha materia.
 
Dicen que en el mundo hay dos clases de personas con las que conviene relacionarse y de las que conviene ser amigo:
 
  • Las que son Capaces de Sentir y
  • Las que son Capaces de Dar.
 
Las personas Capaces de Sentir son francas. Las personas Capaces de Dar son cooperadoras y buscan ser útiles.
 
Pero, quienes entablan amistad por el provecho, sin embargo, son, en su forma de dar y de favorecer, como el cazador que echa su grano a los pájaros que no busca con ello el bien de estos, sino el suyo propio. Por eso “Dar con el CORAZON es mejor que dar con la mano”.
 
Ésta había sido la clase del día que para anunciar una primavera que se anunciaba espléndida.
 
Ese día, a las cinco de la tarde, el pregonero del Rey anunciaba por las calles que, en el aniversario de su Majestad, se cambiarían los nombres a las personas que lo habían solicitado, siempre y cuando se comprobara que estaban despertando el CORAZÓN.
 
¡Estupendo!, ¡por fin nuestro sueño se haría realidad! Y cruzando el río llegamos al Castillo del Corazón.
 
Al día siguiente fuimos de nuevo al Monasterio a una nueva clase. Los monjes conservaban y desarrollaban la sabiduría de los Tiempos Antiguos y cuentan que las primeras universidades de Europa se crearon en esta Edad Media.
 
Llegó el día del aniversario del Rey. La ciudad se engalanó de colores y una pancarta gigante ocupaba todo el escenario, en ella decía: “QUIEN ELIGE EL CAMINO DEL CORAZÓN NO SE EQUIVOCA NUNCA”.
 
Uno por uno desfilaron delante del Rey, a cada uno se le daba el nuevo nombre y una frase que le identificaba. Pasaron: Observadora Consciente, Valedor de Causas Nobles, Consciencia Activa, Nido de Ángeles… y muchos más caminantes.
 
A mí me dieron una frase profunda y con tanto calado que todavía la recuerdo, dice así: Ya que has sabido entregarte al cuidado de los demás sin esperar nada a cambio”.




              



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