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Nunca sabes lo que significa para alguien



Cristina Arribas

09/10/2026

Todavía hay personas que se ríen del K-pop, del anime, de los videojuegos o de cualquier afición que consideran extraña. A veces son comentarios sueltos; otras, burlas constantes disfrazadas de humor. Y parece que, si algo se sale de lo que consideran normal, automáticamente se convierte en un motivo legítimo para ridiculizar a quien lo disfruta.



Imagen creada con IA
Nunca he entendido esa necesidad de hacer sentir mal a alguien por sus gustos. No hablamos de conductas que perjudican a los demás, sino de personas que escuchan música, leen, juegan, siguen a sus artistas favoritos o disfrutan de historias de ficción. Personas que, sencillamente, encuentran algo que les gusta y quieren disfrutarlo sin tener que dar explicaciones.

No todo tiene que gustarnos a todos. La cuestión es por qué algunas personas sienten la necesidad de convertir sus preferencias en una medida con la que juzgar las de los demás.

Lo que no vemos desde fuera

A veces olvidamos que una afición puede significar mucho más de lo que parece. Para alguien, escuchar música es simplemente una forma de entretenerse; para otra persona, puede ser una compañía importante durante una etapa complicada, una manera de sentirse comprendida o una fuente de motivación cuando las cosas no van bien.

Hay personas que atraviesan una depresión, sufren ansiedad o se enfrentan a circunstancias personales que los demás desconocen. Algunas encuentran apoyo en la terapia y en sus seres queridos; otras también lo encuentran en la música, en sus artistas favoritos o en una comunidad con la que comparten intereses. No son cosas incompatibles, ni una afición sustituye la ayuda profesional cuando se necesita. Simplemente, cada persona encuentra distintas formas de sobrellevar sus dificultades.

Y no hace falta que una canción resuelva tus problemas para que tenga valor en tu vida. A veces, basta con que te ayude a desconectar, te devuelva una ilusión o te anime a hacer algo bueno por ti mismo.

Lo importante es entender que no podemos medir el significado de algo en la vida de otra persona utilizando únicamente nuestra propia perspectiva. Que tú no encuentres nada especial en un grupo de música no significa que para los demás sea igual de irrelevante.

Lo que ATEEZ despertó en mí

Después de asistir al Music Bank de Barcelona, volví a casa con ganas de mejorar en algunos aspectos de mi vida. Ver a ATEEZ sobre el escenario, contemplar su energía y su dedicación, me inspiró a querer cuidarme más y empezar a hacer ejercicio por mi salud. Puede parecer algo insignificante desde fuera, pero para mí fue una motivación real que me llevé conmigo después de aquella experiencia.

Pero hay algo más que me gustaría compartir, y es lo que siento cada vez que escucho Be With You. Es una canción que me emociona hasta el punto de hacerme llorar, porque conecta con algo que me resulta especialmente difícil de explicar: lo complicado que puede ser atravesar un proceso de cambio cuando sientes que tienes que hacerlo sola. Intentar mejorar, enfrentarte a tus propias dificultades y seguir avanzando sin saber muy bien cuándo empezarás a ver los resultados puede ser agotador. A veces necesitas que alguien te recuerde que, aunque ahora las cosas cuesten, no siempre van a ser así.

Y eso es lo que encuentro en esa canción: la sensación de que, incluso cuando el camino se hace difícil y todavía no puedes ver todo lo que estás intentando construir, existe la posibilidad de que las cosas mejoren. Que no tienes por qué florecer de un día para otro, que cada proceso tiene sus tiempos y que las dificultades que atraviesas ahora no tienen por qué definir lo que serás mañana.

Quizá otra persona escuche Be With You y simplemente disfrute de su melodía o de las voces de sus integrantes. Para mí, sin embargo, es una canción que toca una fibra muy personal. Me hace pensar en esos momentos en los que intentas cambiar cosas de tu vida, en lo difícil que resulta hacerlo sin sentirte acompañada y en la esperanza de que, a pesar de todos los obstáculos, llegará el momento en el que puedas mirar atrás y darte cuenta de cuánto has avanzado.

Por eso me cuesta entender que todavía haya quien se burle del K-pop como si disfrutar de estos grupos fuera algo infantil o absurdo. No saben lo que puede significar una canción para quien la escucha, las emociones que despierta ni las razones por las que alguien vuelve a ella una y otra vez.

En mi caso, ATEEZ me inspiró a querer cuidarme más después de aquel concierto, y una canción como Be With You me recuerda que los procesos de cambio no siempre son fáciles, pero que eso no significa que no merezcan la pena. No necesito que todo el mundo sienta lo mismo que yo ni que comprenda por completo mi vínculo con su música. Solo me gustaría que dejáramos de ridiculizar aquello cuyo valor desconocemos.

Porque, a veces, una canción es mucho más que una canción. Es aquello que consigue poner palabras a algo que llevas tiempo sintiendo, que te permite soltar las lágrimas que necesitabas soltar o que te recuerda, en un momento de incertidumbre, que todavía puedes crecer y florecer.


¿De verdad hace falta burlarse?

El problema no es que alguien no disfrute del K-pop. El problema aparece cuando esa falta de interés se transforma en desprecio hacia quienes sí lo hacen, cuando se utilizan sus gustos para cuestionar su madurez o cuando las bromas se repiten hasta hacer que una persona se sienta avergonzada de algo que le hace feliz.

Además, llamar «broma» a un comentario no lo convierte automáticamente en inofensivo. El humor puede unir a las personas, pero también puede utilizarse para humillar. Y cuando alguien es siempre el blanco de las risas por sus aficiones, no estamos hablando simplemente de una diferencia de gustos.

Tampoco deberíamos necesitar que alguien nos explique que ha sufrido, que tiene problemas de salud mental o que está pasando por una mala etapa para tratarlo con respeto. Nadie tiene la obligación de contar sus circunstancias personales para demostrar que merece que dejen de meterse con él.

Esto no significa que debamos estar de acuerdo con todo el mundo ni que no podamos hacer bromas entre amigos. Significa aprender a distinguir entre compartir una risa y convertir a otra persona en el objeto de ella. La diferencia no es tan difícil de entender cuando nos paramos a pensar en cómo tratamos a quienes tenemos delante.

No hay aficiones de primera y de segunda

Y esta reflexión va mucho más allá del K-pop. También afecta a quienes disfrutan del anime, los videojuegos, la lectura, la fantasía, los juegos de rol o cualquier otra afición que algunos etiquetan despectivamente como «friki».

Parece que hay gustos socialmente aceptados y otros que todavía se consideran motivo de vergüenza. Ver un partido de fútbol puede parecer perfectamente normal, mientras que emocionarse con un personaje de anime, coleccionar figuras o viajar a otro país para asistir al concierto de un grupo coreano provoca comentarios y miradas de incredulidad.

Pero ¿por qué debería ser más respetable una afición que otra? ¿Por qué alguien tendría que defender su manera de disfrutar del tiempo libre solo porque a los demás les parece poco convencional? Cada persona tiene sus intereses, y no todas las aficiones necesitan tener una utilidad práctica ni aportar una gran enseñanza. A veces leemos porque nos encanta una historia, jugamos porque nos divertimos o escuchamos música porque nos hace felices. No hay nada que justificar en ello.

No tenemos que compartir los gustos de los demás, pero tampoco necesitamos convertir nuestras diferencias en una competición para decidir quién tiene aficiones más válidas, maduras o interesantes.

Menos chistes y más respeto

Estoy cansada de que se ridiculicen los gustos ajenos como si fuera una muestra de ingenio, y de que quienes reciben las burlas tengan que aguantarlo porque, supuestamente, no saben encajar una broma. Cansada de que se dé por hecho que algo es absurdo simplemente porque no lo entendemos.

Yo volví del Music Bank de Barcelona con ganas de cuidarme y mejorar. Otras personas encontrarán esa motivación en un libro, en un videojuego, en una película o en cualquier otra cosa que les ayude a conectar consigo mismas. No necesitamos encontrar inspiración en los mismos lugares para reconocer que aquello que nos mueve tiene valor.

Por eso, la próxima vez que sientas la tentación de reírte de alguien por sus gustos, piensa si realmente hay alguna necesidad de hacerlo. No tienes que escuchar su música, ver sus series ni participar en sus aficiones. Basta con dejar que las disfrute sin convertirlas en un motivo de humillación.

Quizá para ti solo sea K-pop. Quizá no entiendas por qué alguien se emociona tanto con un concierto o habla con tanta pasión de sus artistas favoritos. Pero nunca sabes qué lugar ocupa esa música en su vida, del mismo modo que tampoco conoces todo lo que puede significar para alguien ese libro, ese videojuego o esa historia de ficción de la que te estás burlando.

No necesitas entender lo que hace feliz a otra persona para respetarlo

Así que, de verdad, menos chistes a costa de los demás y más respeto. Ya tenemos suficientes dificultades en la vida como para que disfrutar de aquello que nos hace bien se convierta también en algo por lo que tengamos que defendernos.

Dejemos que cada persona encuentre su propia forma de disfrutar, de ilusionarse y de ser feliz. No cuesta tanto.






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