¿Es posible poner límites?
Foto de Alexander Grey en Unsplash
Se trata de un tema interesante, objeto de enorme debate y que provoca profundas reflexiones. Pero sin duda, es un fenómeno evidente en la evolución reciente de la economía global.
Así, por ejemplo, señala que en 2018 el mundo conoció a su primer centimilmillonario (100.000 millones de dólares): Jeff Bezos. Hoy existen más de 20 personas con fortunas de ese nivel. Y según un informe de Oxfam, el primer billonario (1 billón = 1.000.000 millones de dólares) aparecería hacia 2034, aunque según su opinión, es probable que ocurra antes.
Al mismo tiempo, observamos que la mayoría de la población tiene cada vez menos, o ve cómo su riqueza crece mucho más lentamente. El resultado es un aumento alarmante de la desigualdad, que plantea una pregunta clave:
Así, por ejemplo, señala que en 2018 el mundo conoció a su primer centimilmillonario (100.000 millones de dólares): Jeff Bezos. Hoy existen más de 20 personas con fortunas de ese nivel. Y según un informe de Oxfam, el primer billonario (1 billón = 1.000.000 millones de dólares) aparecería hacia 2034, aunque según su opinión, es probable que ocurra antes.
Al mismo tiempo, observamos que la mayoría de la población tiene cada vez menos, o ve cómo su riqueza crece mucho más lentamente. El resultado es un aumento alarmante de la desigualdad, que plantea una pregunta clave:
¿Hasta dónde puede llegar este proceso y dónde puede terminar?
Para analizar este problema, Christian recurre a las matemáticas y a la teoría de sistemas, distinguiendo entre retroalimentación positiva (la riqueza facilita generar más riqueza) y retroalimentación negativa (el crecimiento debería volverse más difícil a medida que se acumula poder).
Actualmente, la economía funciona casi solo con retroalimentaciones positivas debido a la falta de reglas, por lo que se plantea la necesidad de poner límites a la riqueza privada.
En este sentido, propone que cada millón adicional sea más difícil de obtener hasta alcanzar un máximo. Y señala que este debate no es solo teórico, sino que ya existe una propuesta filosófica desarrollada. La filósofa holandesa Ingrid Robeyns, en su libro “Limitarismo”, defiende un límite máximo de 10 millones de euros para la riqueza privada, respaldado por más de 400 páginas de extensa argumentación moral, económica y política.
La cuestión central del debate no es ideológica, sino práctica:
Actualmente, la economía funciona casi solo con retroalimentaciones positivas debido a la falta de reglas, por lo que se plantea la necesidad de poner límites a la riqueza privada.
En este sentido, propone que cada millón adicional sea más difícil de obtener hasta alcanzar un máximo. Y señala que este debate no es solo teórico, sino que ya existe una propuesta filosófica desarrollada. La filósofa holandesa Ingrid Robeyns, en su libro “Limitarismo”, defiende un límite máximo de 10 millones de euros para la riqueza privada, respaldado por más de 400 páginas de extensa argumentación moral, económica y política.
La cuestión central del debate no es ideológica, sino práctica:
¿Cómo se puede frenar la superriqueza sin dañar la economía ni la iniciativa privada?
Porque el objetivo no es castigar el éxito ni frenar la iniciativa empresarial, sino evitar la acumulación desproporcionada de poder que acompaña a las grandes fortunas y que termina distorsionando mercados, democracias y sociedades enteras.
Esta reflexión conlleva también plantearse otra cuestión fundamental: los límites planetarios y los límites sociales. Introduce así la idea de límites sociales, comparables a los límites ecológicos, para proteger la cohesión social y el bien común. E identifica cinco límites clave:
Límites a la desigualdad, tanto en ingresos como en fortunas privadas. Límites a la herencia: es razonable heredar uno o varios millones, pero no cientos o miles de millones. Límites al tamaño de las empresas, especialmente de las grandes corporaciones, mediante topes a las ventas anuales. Considerando que este debate debe ser profundo, informado y participativo. Límites al tamaño de los bancos, con el fin de que no existan entidades “too big to fail” (demasiado grandes para quebrar) y evitar riesgos sistémicos. Límites a la acumulación estructural de poder, que hoy permite a unos pocos actores condicionar políticas públicas y decisiones colectivas. Esta reflexión conlleva también plantearse otra cuestión fundamental: los límites planetarios y los límites sociales. Introduce así la idea de límites sociales, comparables a los límites ecológicos, para proteger la cohesión social y el bien común. E identifica cinco límites clave:
Y finalmente, aboga por repensar el concepto de propiedad. Según señala, existen múltiples tipos de propiedad, cada uno con características distintas. Todas deberían ser reconocidas y protegidas, pero también reguladas de manera diferenciada.
Así, la propiedad privada debe existir, pero con límites cuantitativos y condiciones éticas en su gestión. Y del mismo modo, la propiedad pública también requiere reglas claras, gestión independiente y enfoque en sectores estratégicos, sin que el Estado monopolice toda la actividad económica.
En definitiva, muchas de las ideas planteadas por Christian Felber al abordar esta segunda crisis planetaria, pueden parecer obvias, casi elementales. Sin embargo, precisamente porque no existen reglas claras en estos ámbitos, la concentración de riqueza y poder ha alcanzado niveles inéditos. Poner límites puede convertirse en una herramienta que ayude a preservar la democracia, la cohesión social y una economía al servicio de las personas.