La energía creadora



María Antonia Oteros

12/06/2026

En la actualidad, casi nadie duda de que los seres humanos somos algo más que materia. Aunque es cierto que la materia es la sustancia que percibimos con nuestros sentidos, y que configura los cuerpos físicos, la ciencia ha confirmado que, además, somos energía en constante movimiento.



Imagen creada con IA
La energía es intangible, es decir, es difícil percibirla con los sentidos, pero eso no significa que no sea real.  De hecho, es la fuerza que impulsa cualquier cambio o transformación.
 
La cuestión que podemos plantearnos es: ¿de dónde surge esa fuerza, esa energía capaz de impulsar la transformación de la materia?

¿Cuál es la energía creadora?

Si volvemos la mirada hacia adentro de nosotros mismos, ¿dónde encontramos ese impulso transformador? ¿Y desde dónde surge?
 
En mi caso, siempre que me he hecho esta pregunta, sólo he encontrado una respuesta: La energía creadora es el AMOR, que surge desde lo más profundo de mí, desde un punto que físicamente identifico con el corazón.
 
Creo firmemente que el amor es la primera energía, la chispa capaz de generar vida, la fuerza que permite iniciar y mantener proyectos, la emoción que sostiene ante las dificultades, la sustancia que impregna las grandes creaciones de la naturaleza, el arte o la música.
 
El amor tiene muchas manifestaciones. Así, hablamos del amor a la familia, a los amigos, al medio ambiente, a la ciencia, a las manifestaciones artísticas y a la humanidad.
 
Y lo que más me maravilla de esta energía es que cuanto más se aplica, más se expande. El amor que manifestamos hacia las personas o hacia las cosas que nos rodean, se multiplica, como los círculos concéntricos que crea una piedra lanzada hacia las mansas aguas de un lago.
 
Ahí radica su magia y su poder.
 
Por eso, ante unas circunstancias que a menudo generan desconfianza o miedo, el amor que nace desde el corazón, nos recuerda que tenemos el poder de transformar el miedo en esperanza y la parálisis en acción, para ser capaces de construir mejores relaciones con nosotros mismos, con los demás, y con el mundo que nos rodea.
 
Es hora de ejercitar nuestro poder, de utilizar la energía creadora del amor para que la magia aparezca y sea un verdadero motor de transformación personal y social.






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