Las imágenes muestran a los manifestantes con pancartas en las que rezan todo tipo de amenazas y consignas contra occidente y la cultura occidental. En otras ocasiones es justo al revés, lo que se ataca es la inmigración,
Estas noticias siempre van precedidas de frases que “preparan” la mente del lector o del espectador para que ya se haga una composición de lugar y tome partido, condicionando su mente con filtros que van a hacer que esa información llegue de forma sesgada y que se posicione con respecto a lo que va a escuchar.
Hay, no obstante, un denominador común en este tipo de mensajes: sembrar el miedo, la desconfianza, la separación, el rechazo… Y empecé a reflexionar sobre el efecto que esas noticias surten en cualquier persona.
Recuerdo noticias similares que circularon por Internet cuando jóvenes islamistas se manifestaron en varias ciudades para mostrar su rechazo a las caricaturas de Mahoma que había publicado un periódico holandés… aquellas escenas creaban violencia, rechazo, generaban dolor y muerte, cosas que no benefician a nadie.
Hay gente radical entre los islamistas, igual que la hay entre nosotros y entre todos los grupos humanos, tengan la ideología que tengan, no es una cuestión de religión, ni de raza, ni de ideologías políticas sino de valores. Focalizarnos en esas actitudes solo generará más distancia, más diferencias, más resentimiento, más deseos de venganza.
Hoy más que nunca es fundamental tener criterio y no dejarse “pillar” por las informaciones sesgadas que nos llegan. Hemos de darnos cuenta de que tanto los medios de comunicación como Internet están plagados de todo tipo de noticias coloreadas y no podemos dar por bueno todo lo que nos llega porque, casi siempre, hay intereses creados detrás de toda información vertida.
Estas noticias siempre van precedidas de frases que “preparan” la mente del lector o del espectador para que ya se haga una composición de lugar y tome partido, condicionando su mente con filtros que van a hacer que esa información llegue de forma sesgada y que se posicione con respecto a lo que va a escuchar.
Hay, no obstante, un denominador común en este tipo de mensajes: sembrar el miedo, la desconfianza, la separación, el rechazo… Y empecé a reflexionar sobre el efecto que esas noticias surten en cualquier persona.
Recuerdo noticias similares que circularon por Internet cuando jóvenes islamistas se manifestaron en varias ciudades para mostrar su rechazo a las caricaturas de Mahoma que había publicado un periódico holandés… aquellas escenas creaban violencia, rechazo, generaban dolor y muerte, cosas que no benefician a nadie.
Hay gente radical entre los islamistas, igual que la hay entre nosotros y entre todos los grupos humanos, tengan la ideología que tengan, no es una cuestión de religión, ni de raza, ni de ideologías políticas sino de valores. Focalizarnos en esas actitudes solo generará más distancia, más diferencias, más resentimiento, más deseos de venganza.
Hoy más que nunca es fundamental tener criterio y no dejarse “pillar” por las informaciones sesgadas que nos llegan. Hemos de darnos cuenta de que tanto los medios de comunicación como Internet están plagados de todo tipo de noticias coloreadas y no podemos dar por bueno todo lo que nos llega porque, casi siempre, hay intereses creados detrás de toda información vertida.
La cultura del conflicto frente al diálogo
Cuando sucedieron los incidentes violentos como respuesta a las caricaturas de Mahoma publicadas, los telediarios de todas las cadenas sacaron imágenes de jóvenes exaltados quemando embajadas y enfrentándose violentamente a la policía. Según los datos que se manejaron después fueron apenas el 3% de la población universitaria de los países islámicos los que reaccionaron de esa forma, el 97% reaccionó pacíficamente, mostraron su desacuerdo y su dolor por lo que consideraron una falta de respeto hacia sus creencias. Sin embargo, cuando escuchábamos las noticias parecía que todos los países islámicos estaban en pie de guerra.
Ahora, con las imágenes que diariamente nos llegan, podemos caer en lo mismo. Efectivamente hay un grupo de exaltados que deberán aprender a reivindicar sus ideas de forma pacífica, a respetar a los demás para merecer el respeto, a colaborar para que las diferencias entre unos y otros desaparezcan.
Hace varias décadas se sucedieron unos incidentes en un pueblo cercano a Madrid. Se trataba de una pelea entre dos jóvenes… horas después el conflicto se amplió y el enfrentamiento se producía entre bandas organizadas latinoamericanas y jóvenes españoles que se sentían atacados.
Durante unos días el pueblo se convirtió en un polvorín en el que los medios de comunicación “cazaban” al vuelo testimonios de todo tipo: así se podía ver en una cadena personajes que ocultaban su cara y denunciaban los atropellos y delitos que tenían lugar en el barrio; minutos después en otra emisora unas amas de casa hablaban de que era un barrio tranquilo y que nunca había pasado nada semejante; unos comerciantes se quejaban de que tanto despliegue de policía les daba la sensación de que estaban en guerra… Los medios de comunicación ejercían un efecto amplificador de tal manera que los jóvenes de toda la provincia se sentían llamados a la movilización.
Se reunieron los directores de los colegios e institutos de la zona, las asociaciones de vecinos, los responsables de la parroquia, las organizaciones sociales, la administración… y entre todos se pusieron de acuerdo con una serie de medidas para que las aguas volvieran a su cauce en los colegios, en las casas, en el barrio…
Cuando hay algún hecho que es noticia inmediatamente las cámaras están allí para narrarnos en directo lo que está sucediendo… convierten en protagonistas a los que han transgredido la ley, hacen populares a quienes no respetan la convivencia, conceden espacio y tiempo (algo que es muy caro y más en los medios de comunicación) a personas que no merecerían ninguna reseña.
De esta manera convierten en “modelos a imitar” a irresponsables que son “noticia” porque en doce horas ha perdido por dos veces todos los puntos del carnet de conducir, o a quien ha grabado con el móvil imágenes de violencia y luego las ha vendido a una cadena de TV… El enfrentamiento, la oposición radical parece ser el terreno en que se desarrolla nuestra vida política, la falta de acuerdo y de consenso es la tónica dominante ante cualquier situación.
Si el diálogo y la confianza son los índices de una buena convivencia, yo me pregunto:
Ahora, con las imágenes que diariamente nos llegan, podemos caer en lo mismo. Efectivamente hay un grupo de exaltados que deberán aprender a reivindicar sus ideas de forma pacífica, a respetar a los demás para merecer el respeto, a colaborar para que las diferencias entre unos y otros desaparezcan.
Hace varias décadas se sucedieron unos incidentes en un pueblo cercano a Madrid. Se trataba de una pelea entre dos jóvenes… horas después el conflicto se amplió y el enfrentamiento se producía entre bandas organizadas latinoamericanas y jóvenes españoles que se sentían atacados.
Durante unos días el pueblo se convirtió en un polvorín en el que los medios de comunicación “cazaban” al vuelo testimonios de todo tipo: así se podía ver en una cadena personajes que ocultaban su cara y denunciaban los atropellos y delitos que tenían lugar en el barrio; minutos después en otra emisora unas amas de casa hablaban de que era un barrio tranquilo y que nunca había pasado nada semejante; unos comerciantes se quejaban de que tanto despliegue de policía les daba la sensación de que estaban en guerra… Los medios de comunicación ejercían un efecto amplificador de tal manera que los jóvenes de toda la provincia se sentían llamados a la movilización.
Se reunieron los directores de los colegios e institutos de la zona, las asociaciones de vecinos, los responsables de la parroquia, las organizaciones sociales, la administración… y entre todos se pusieron de acuerdo con una serie de medidas para que las aguas volvieran a su cauce en los colegios, en las casas, en el barrio…
Cuando hay algún hecho que es noticia inmediatamente las cámaras están allí para narrarnos en directo lo que está sucediendo… convierten en protagonistas a los que han transgredido la ley, hacen populares a quienes no respetan la convivencia, conceden espacio y tiempo (algo que es muy caro y más en los medios de comunicación) a personas que no merecerían ninguna reseña.
De esta manera convierten en “modelos a imitar” a irresponsables que son “noticia” porque en doce horas ha perdido por dos veces todos los puntos del carnet de conducir, o a quien ha grabado con el móvil imágenes de violencia y luego las ha vendido a una cadena de TV… El enfrentamiento, la oposición radical parece ser el terreno en que se desarrolla nuestra vida política, la falta de acuerdo y de consenso es la tónica dominante ante cualquier situación.
Si el diálogo y la confianza son los índices de una buena convivencia, yo me pregunto:
¿Cuál es nuestra salud social en estos tiempos?
Los medios de comunicación no informan, no se limitan a dar noticias puesto que esas noticias son tratadas como sucesos… y entre unas y otros hay mucha diferencia. Escuchar ahora los informativos no se diferencia nada de una publicación muy antigua que se llamaba “El Caso” y que recogía los hechos más truculentos de aquellos tiempos.
Por otra parte, una misma noticia es “difundida y tratada” de manera distinta dependiendo de la cadena de televisión o el periódico que la publique
Las redes sociales premian el contenido que genera indignación. Un algoritmo no busca informar, sino retener la atención y la rabia y generar odio son los motores más eficaces para ello, con el objetivo de lograr una mayor audiencia se utilizan “armas” retoricas en lugar de herramientas de entendimiento.
Estamos difundiendo CONTRAVALORES y estamos contagiándonos unos a otros y sobre todo a los niños y los jóvenes son los más susceptibles de verse afectados y dañados por estos modelos que les presentamos.
Tal vez sea el momento de volver nuestra mirada hacia el interior y decidir con consciencia no
La verdadera resistencia contra este bombardeo informativo no es apoyar a uno de los dos bandos, sino reivindicar la complejidad. Los valores que realmente sostienen a una sociedad sana —como la tolerancia, el rigor informativo y el respeto a la ley— se sitúan precisamente en el espacio intermedio que los medios polarizados intentan eliminar.
Contravalor: se desprecia la verdad y el consenso, se prefiere una mentira que refuerce nuestro bando a una verdad que le dé la razón al adversario.
Contravalor: la pérdida de la dignidad individual, al ver solo etiquetas (occidental, inmigrante, musulmán, etc.) se anula la capacidad de empatizar con la persona concreta.
Contravalor: la renuncia al pensamiento crítico, la libertad de pensamiento se sustituye por la lealtad ciega a una facción ideológica.
Un punto interesante a explorar sería darnos cuenta de cómo ésta "guerra de narrativas" termina alimentando los extremismos de ambos lados, creando un círculo vicioso donde cada bando justifica su radicalismo basándose en las acciones (reales o exageradas por los medios y las redes) del otro.
Por otra parte, una misma noticia es “difundida y tratada” de manera distinta dependiendo de la cadena de televisión o el periódico que la publique
Las redes sociales premian el contenido que genera indignación. Un algoritmo no busca informar, sino retener la atención y la rabia y generar odio son los motores más eficaces para ello, con el objetivo de lograr una mayor audiencia se utilizan “armas” retoricas en lugar de herramientas de entendimiento.
Estamos difundiendo CONTRAVALORES y estamos contagiándonos unos a otros y sobre todo a los niños y los jóvenes son los más susceptibles de verse afectados y dañados por estos modelos que les presentamos.
Tal vez sea el momento de volver nuestra mirada hacia el interior y decidir con consciencia no
La verdadera resistencia contra este bombardeo informativo no es apoyar a uno de los dos bandos, sino reivindicar la complejidad. Los valores que realmente sostienen a una sociedad sana —como la tolerancia, el rigor informativo y el respeto a la ley— se sitúan precisamente en el espacio intermedio que los medios polarizados intentan eliminar.
Contravalor: se desprecia la verdad y el consenso, se prefiere una mentira que refuerce nuestro bando a una verdad que le dé la razón al adversario.
Contravalor: la pérdida de la dignidad individual, al ver solo etiquetas (occidental, inmigrante, musulmán, etc.) se anula la capacidad de empatizar con la persona concreta.
Contravalor: la renuncia al pensamiento crítico, la libertad de pensamiento se sustituye por la lealtad ciega a una facción ideológica.
Un punto interesante a explorar sería darnos cuenta de cómo ésta "guerra de narrativas" termina alimentando los extremismos de ambos lados, creando un círculo vicioso donde cada bando justifica su radicalismo basándose en las acciones (reales o exageradas por los medios y las redes) del otro.