Foto de Naja Bertolt Jensen en Unsplash
En este sentido, considera que un “buen uso“ es aquel que no empeora la calidad ecológica del planeta. Y ello exige proteger área naturales, tanto terrestres como marinas y conseguir, al menos entre un 20 % y un 25 % de la superficie del planeta libre de intervención humana significativa (“no es nuestra creación sino es una creación de otra instancia, de otra inteligencia que deberíamos respetar y proteger“).
Introduce aquí el concepto de los límites ecológicos planetarios. Si nos centramos en los nueve límites ecológicos que la ciencia ha establecido (*), vemos que nos hallamos ante una situación crítica, dado que ya se han sobrepasado seis de ellos.
Y si el cambio climático ya es grave, la pérdida de biodiversidad es aún más preocupante, dado que pone en riesgo el funcionamiento mismo de los ecosistemas. En este sentido, señala que “Todo está interrelacionado así que el cambio climático también contribuye a la pérdida de biodiversidad porque algunas plantas y algunos animales ya no encuentran las condiciones vitales para para seguir viviendo“.
Para comprender mejor el problema, propone imaginar los recursos biológicos del planeta como si fuese un “pastel ecológico “, dividido en 8.000 millones de porciones, una para cada habitante del planeta. Si la distribución fuera justa, cada persona tendría derecho a una única porción.
En ese escenario, podemos ver cómo en muchos países las personas consumen menos de su porción, mientras que en otros (por ejemplo, en Austria, Alemania o España), el consumo medio equivale a tres, cuatro o incluso cinco porciones por persona. Este reparto injusto genera solo dos posibles consecuencias:
O bien, otras personas no reciben su porción. O nuestros hijos y nietos no recibirán su parte del pastel. Introduce aquí el concepto de los límites ecológicos planetarios. Si nos centramos en los nueve límites ecológicos que la ciencia ha establecido (*), vemos que nos hallamos ante una situación crítica, dado que ya se han sobrepasado seis de ellos.
Y si el cambio climático ya es grave, la pérdida de biodiversidad es aún más preocupante, dado que pone en riesgo el funcionamiento mismo de los ecosistemas. En este sentido, señala que “Todo está interrelacionado así que el cambio climático también contribuye a la pérdida de biodiversidad porque algunas plantas y algunos animales ya no encuentran las condiciones vitales para para seguir viviendo“.
Para comprender mejor el problema, propone imaginar los recursos biológicos del planeta como si fuese un “pastel ecológico “, dividido en 8.000 millones de porciones, una para cada habitante del planeta. Si la distribución fuera justa, cada persona tendría derecho a una única porción.
En ese escenario, podemos ver cómo en muchos países las personas consumen menos de su porción, mientras que en otros (por ejemplo, en Austria, Alemania o España), el consumo medio equivale a tres, cuatro o incluso cinco porciones por persona. Este reparto injusto genera solo dos posibles consecuencias:
En ambos casos, el resultado es éticamente inaceptable y ecológicamente insostenible.
Consumo Responsable
Ante esta situación, no bastan medidas parciales, sino que es necesario un cambio estructural que establezca un límite al consumo ecológico individual. El problema no es el consumo básico, sino el consumo extremo de una minoría. Por ello, estos límites sólo deberían restringir los estilos de vida altamente contaminantes.
C. Felber considera que la aplicación de estos límites resultaría técnicamente viable, mediante la incorporación de un “precio ecológico” a bienes y servicios, complementario al precio económico, que se mediría por el impacto o huella ecológica de dichos bienes o servicios y que podría implementarse de forma gradual. Así, por ejemplo:
La cuestión clave no es si estos límites pueden implementarse, sino si estamos dispuestos a aceptar los límites que impone un planeta finito.
(*) Ver, entre otras informaciones: https://www.cidob.org/sites/default/files/2024-06/094-95_ANEXO_LI%CC%81MITES%20PLANETARIOS.pdf
En 2009 un grupo de 28 científicos dirigidos por el Stockholm Resilience Centre (SRC) identificaron los 9 procesos que regulan la estabilidad y la resiliencia del sistema terrestre. Los científicos propusieron en correspondencia 9 límites planetarios dentro de los cuales la humanidad puede continuar desarrollándose y prosperando. Cruzar esos lindes aumentaría el riesgo de generar cambios ambientales abruptos o irreversibles; seis de ellos ya se han superado.