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La acción coherente para vivir en calma



Mª Antonia Oteros

23/10/2026

¿Tiene sentido seguir hablando de valores? ¿De los valores que nos configuran como seres humanos o que fundamentan nuestras sociedades?... ¿Y de coherencia entre nuestros valores y nuestras acciones?



Imagen creada con IA
Hablar de valores puede parecer algo pasado de moda. Sin embargo, es precisamente en estos tiempos, cuando todo se percibe como inestable o transitorio, cuando más urgente se vuelve preguntarnos por aquello que nos sostiene y nos da estructura.
 
Es cierto que los valores dominantes en una sociedad han cambiado al ritmo de las transformaciones sociales, económicas y culturales. Por ejemplo, la familia, la religión o la espiritualidad. O incluso, los valores que parecen universales, como la libertad, la justicia o la igualdad, han ido evolucionando con las épocas.
 
Y quizá, si miramos hacia adentro, puede suceder lo mismo con nuestros valores y principios individuales. Aquéllos que cada uno de nosotros elegimos para guiar nuestra vida y que nacen de nuestras creencias y de nuestra experiencia personal, pero también de la educación que recibimos como miembros de una sociedad.
 
En cualquier caso, y a pesar de que los valores puedan cambiar a lo largo de nuestra vida, o prioricemos unos u otros, sí tiene sentido seguir hablando de valores y de coherencia. Porque la unión de esos dos conceptos nos enlaza directamente con nuestro bienestar.
 
Si decimos que nuestros valores son, por ejemplo, la igualdad, la justicia, la solidaridad, la cooperación, pero en nuestra vida cotidiana, decimos que sí a algo, cuando en realidad es un no. Cuando callamos ante una injusticia en lugar de denunciarla. Cuando actuamos desde el egoísmo en lugar de cooperar, cuando buscamos solo nuestro beneficio, en lugar de pensar en el bienestar de nuestra familia o comunidad…
 
Si no existe coherencia entre lo que creemos y lo que hacemos, más pronto que tarde sentiremos ese desajuste que nos indica que algo no funciona. Y en cierto modo, eso nos rompe por dentro.
 
Es cierto que los seres humanos actuamos movidos por factores que, en ocasiones, surgen de forma impulsiva o inconsciente: el amor, el miedo, el respeto, la ira, el rechazo, la urgencia, la costumbre, la inercia, etc.
 
Pero en el fondo, cuando alguno de nuestros actos o de las decisiones que tomamos no se alinean con aquello que consideramos importante, perdemos la paz interior y aunque no queramos reconocerlo, sentimos un malestar que no sabemos explicar. Por eso, aunque actuar de acuerdo con nuestros valores no siempre resulte fácil, es la mejor garantía para vivir en calma con nosotros mismos.






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