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Los valores humanos: el sueño más real

Y supe entonces que estaba muerto



Rafael Ruiz Centeno

Viernes, 14 de Julio 2017 Visitas 43 |


Todo se volvió completamente oscuro. No había nada, ni sonido, ni objetos, ni personas. Sólo oscuridad y silencio. No acertaba a ubicar la cama de hospital que había sido mi mundo los últimos dos meses, ni oía los pasos acelerados de médicos y enfermeras en el pasillo, ni podía percibir el olor a comida que sólo dos minutos antes lo impregnaba todo. Negrura. Una negrura serena y profunda que se adueñó de todo mi ser en un instante ganándome para su maravillosa quietud, para su serenidad plena y gozosa. Y supe entonces que estaba muerto.
 
Sin perspectivas sobre lo que iba a suceder, sin miedo, sin deseos, me abracé a esa serenidad que no era nada pero a la vez era lo más intenso que nunca hube imaginado. Y así, mecido en esa paz absoluta, un punto de luz brillante, pequeño, diminuto, se acercó a la vez que una ola de calor me abrazaba suavemente. Me sentí estremecer, todo mi ser vibró al unísono con los destellos de amor con los que me hice uno, y así supe cual era mi estado natural, el verdadero, el estado de la felicidad absoluta.
 
Sin saber cómo, me encontré comunicándome con la luz, que ahora se hacía grande y que llegó a abarcar todo el campo de percepción que tenía en esos instantes. De algún modo supe que la luz me invitaba a revisar algunos acontecimientos de esa vida que ya dejaba atrás y me pedía que visitara momentos, sentimientos y lugares y que lo hiciera con la misma conciencia  que había tenido entonces, que aunque no estaba allí me sintiera limitado de nuevo por ese espacio y tiempo, por esas circunstancias, por los condicionantes que la vida física conllevaba.
 
Sería de nuevo El Yo Pequeño (Eyp), aunque una parte de mí podría contemplar este proceso de revisión desde fuera. Observé entonces como el nivel de consciencia se empequeñecía a la vez que la luz (la Luz) me preguntaba si me había sentido libre en mi vida.
 
La libertad
 

No, no he gozado de ese privilegio le escuché decir a Eyp. Las circunstancias han ido poniendo vallas a mi vida y yo sólo pude ir resolviendo cuestiones pequeñas, tan sólo me he permitido elegir algunos detalles que para nada suponían un cambio de escenario, si acaso un cambio mínimo en la decoración del mismo escenario.
 
¿De verdad crees eso?
 
Claro que sí, es cierto, todas las decisiones importantes de mi vida han venido marcadas por las circunstancias, por los demás, por sus necesidades y mi deseo de ayudarles y complacerlos. Te podría poner mil ejemplos, pero si quieres sólo algunos te diré que elegí mi trabajo porque era el que me proporcionaba más salidas de cara a las necesidades económicas para el futuro, elegí a mi mujer porque ella me gustaba, sí, pero me dio a elegir entre casarnos o abandonarme, elegí un sitio para vivir porque era lo mejor para el trabajo de los dos y para los niños. Y en último extremo la familia en la que fui a nacer, que por supuesto influyó en mí enormemente por la educación y los genes recibidos no fue elección mía. Simplemente me tocó aparecer allí.
 
La Luz, serena y sonriente sorprendió al “pequeño” con la siguiente frase:
 
En primer lugar quiero aclarar que la elección de esa familia de la que hablas, a la que fuiste a parar, la hicimos tú y yo. Sólo que no lo recuerdas. Era parte de nuestro plan que fuera así. Todo lo que posteriormente estuviera influenciado por ello partía de tu diseño inicial. Por otra parte en cada uno de esos ejemplos que has mencionado, en cada una de esas frases aparece la palabra “elegí”. Te has dado cuenta, ¿verdad? Y elegir es un acto en el que se pone de manifiesto una de nuestras características fundamentales, uno de nuestros valores intrínsecos, la libertad. Siempre gozaste de ella, siempre formó parte de tí, siempre podías hacer uso de ella. En ningún momento de tu vida se te negó aunque a ti te pareciera que en ocasiones tu libertad estaba condicionada o influenciada por tu entorno. Nada te impidió cambiar tus elecciones por otras distintas, nunca se te negaron otras posibilidades, fuiste tú el que creíste que esas no existían o si existían no podías alcanzarlas. En realidad estabas usando esa capacidad continuamente, en cada momento del día. Sólo que reparabas en ella en contadas ocasiones, ocasiones que no parecían importantes para tí, mientras que en las que sí las sentías como primordiales parecía como si se estrechara tu libertad para escoger. Pero si lo piensas, habías llegado a esas elecciones importantes tras un camino que había estado jalonado por multitud de otras elecciones pequeñas que parecían no tener mucha enjundia, con aspecto formal de secundarias, pero que realmente fueron marcando paso a paso las opciones siguientes. Por eso, ahora lo sabes, cada momento es importante, por el momento en sí y por los que vendrán partiendo de él. Merece la pena pensar en cada ocasión de escoger como si fuera la más importante, la única que tendremos que hacer, y así una tras otra, y de ese modo es como sientes que llevas las riendas de tu vida y que eres completamente libre en ella.
 
Sí, ahora, desde aquí, alcanzo a comprender todo eso. Pero no estoy muy seguro de que fuera posible esa comprensión cuando estaba “allá”.
 
Ya, aquí parece que hay un horizonte muy amplio del que allí carecías, pero en realidad los límites de allí los ponías tú, ¿no crees?
 
Sí … puede que sea verdad.
 
Y hablando de “verdades”, ¿qué ha habido de eso en tu vida?
 
La Verdad
 
¿De verdades? Bueno, muchas. Creo que todas las que me fue posible alcanzar.
 
Bien, eso está bien, pero dime ¿cómo notabas que habías llegado a la verdad?
 
¿Que cómo lo notaba? Bueno, tenía una serie de referencias y cuanto más me ajustara a ellas más cerca me sentía de ella.
 
¿Referencias?
 
Sí, referencias que me venían de mi religión, de mi cultura, y de personas más avanzadas que yo que habían delimitado lo que era la Verdad y lo que no lo era.
 
Ya, pero si observaste tu mundo, en él existían otras religiones, otras culturas, otros maestros, otras enseñanzas que seguir que a veces se parecían poco o no se parecían en nada a las tuyas. ¿Y entonces? Todos los “otros”, todos los que no fueran como tú, ¿estaban equivocados?
 
Ummm… sí.
 
¿Sí?
 
No había ningún atisbo de reproche en esta última pregunta por parte de la Luz, si acaso cercanía y un ligero toque divertido.
 
Bueno, parece entonces que la verdad hay que buscarla fuera y necesariamente ha de venir de grupos o personas similares a nosotros. Todo lo demás queda excluido ¿es eso?
 
Eyp se sentía aún más pequeño en esos instantes.
 
Bueno … quizá no todos, dijo con una convicción cada vez menor.
 
Eso significaría que hay tantas verdades como grupos o, si me apuras, personas distintas existen. Y todas las personas son distintas aparentemente. Eso son muchísimas verdades distintas. Quizá la clave esté en fijarse en lo que es común a todas ellas, en lo que les une, no en lo que los separa. En ese factor común es donde puedes encontrar la verdad, es algo mínimo, sencillo y permanente en el ser humano. Todo lo demás son invenciones del momento o de la cultura, ilusiones nacidas con una apariencia que se desvanece al pasarlas por el filtro de la realidad. Así que todo lo que sientas que te une a otros, en todo lo que te acerque es donde reside la realidad y la verdad.
 
¡Cómo no he podido ver eso antes! Eyp estaba emocionado y contrariado a la vez. Luz, sé que eres un Ser magnífico y sabio, ¿podrías ayudarme a resolver algunas grandes preguntas, esas verdades que todos nos hemos planteado alguna vez? Ya sabes, ¿quién soy?, ¿de donde vengo?, ¿a donde voy?
 
Claro, pero sólo si lo hacemos entre los dos.
 
De acuerdo, contestó Eyp agradecido.
 
Bien, dime qué tenéis en común todos los seres humanos que habéis vivido en algún momento de la historia en el mundo.
 
Bueno, quizá lo primero que se me ocurre está implícito en la propia pregunta, o sea, que hemos tenido una vida, una existencia física en la tierra.
 
Perfecto, ¿qué más?
 
No sé, no parece que tengamos muchas más cosas en común. Somos tan distintos unos de otros. Quizá, y ahora yo lo sé porque he trascendido de plano, que veníamos de algún sitio y que después de la vida seguimos hacia algún otro.
 
Muy bien. Es decir, que estáis en movimiento de un sitio hacia otro, en evolución. ¿Más?
 
Tal vez que en algún momento nos preguntamos por el sentido de la vida. Que hay algo en nuestra naturaleza que nos empuja a buscar respuestas que le den sentido a nuestra existencia.
 
¡Fantástico! Querido Eyp, a veces me emocionas … susurraba la Luz mientras Eyp sintió como una oleada de amor le atravesaba serenamente.
 
Aunque las palabras no son importantes déjame que busquemos algunas para designar esa cualidad que acabas de mencionar. Si te parece le llamaremos “la chispa divina”
Oh, había oído esa expresión alguna vez pero hasta ahora no he sabido exactamente cual era su significado. Gracias Luz. Pero ya no se me ocurre nada más que sea común.
 
Bueno, quizá en otro momento de esa evolución podamos ver algunas más, pero por ahora es más que suficiente. Ya sabes, en lo sencillo, en lo simple está la verdad. Ayúdame tú ahora, la Verdad en el ser humano es que …
 
Que es un ser con una existencia física, que está en constante evolución y que alberga en su interior la chispa divina.
 
No eres consciente de cuánto te quiero, Eyp.
 
Eyp parecía algo avergonzado y sobrepasado por estas palabras de un ser absolutamente divino como la Luz. Y a pesar de gozar completamente del amor y las enseñanzas que estaba recibiendo en su interior se dibujó por un instante la duda de si se merecía todo eso.
 
¿Estás dudando sobre si eres merecedor de esta experiencia? ¿Es posible que no esté siendo justo contigo? Bien, hablemos de la justicia.

La Justicia
 
¿Qué has aprendido sobre ese tema?
 
Bueno, yo creo que en líneas generales he tenido un sentido de la justicia acertado. He sido justo con todo el mundo. Cuando alguien, a través de su comportamiento, se mereció mi cariño y mis atenciones se los dí. Si alguien me hizo daño o no tuvo consideración conmigo también intenté que sufriera las consecuencias por ello. Eso es ser justo ¿no?
 
Ya, por lo que dices te dedicaste a premiar y a castigar. Y esa parece ser una justicia muy básica, muy primaria, bastante por debajo del nivel que ya alcanzaste. Sin embargo esa es la idea generalizada sobre la justicia en el mundo del que vienes. Eso lo hace el escenario perfecto para avanzar en esta cualidad porque ese mundo parece carecer de ella. Verás, la justicia está tan íntimamente ligada a la igualdad que en ocasiones se hace difícil distinguir una de la otra. Igualdad y justicia significan que no hay un ser humano más importante que otro. Significan que cada uno de ellos tendrá la libertad para elegir cual va a ser su papel ante la sociedad y ante sí mismo, cual va a ser su camino, de qué modo lo recorrerá y cuales serán sus metas, pero haciéndose asimismo responsable de los aconteceres que se deriven de ello y no por las opiniones o imposiciones de otros. Justicia significa igualdad de oportunidades, significa respeto, significa valorar de la misma forma el bien común que el bien individual, significa renunciar a privilegios no nacidos de una forma natural sino impuestos por grupos o personas con un alto componente egóico. Justicia significa saber valorar a cada uno en función de sus avances y sus logros no de una forma absoluta sino teniendo en cuenta su punto de partida y sus posibilidades. Justicia es ver a cada uno de los demás como si te vieras a tí mismo, y tratarlo de ese modo, igual que te gustaría que te trataran a ti. Es aceptar las consecuencias de tus actos o de tus omisiones porque de éstas últimas pueden nacer resultados tan beneficiosos o tan nefastos como de los primeros. No es lógico desear una sociedad justa, un mundo más justo y no participar en todos aquellos movimientos que lo promuevan, en esas corrientes que se han puesto en marcha para hacerlo posible, en grupos o personas que además de integrarla en su quehacer diario también se unen para construir, fomentar y exigirla a un nivel global. ¿Tú que hiciste por la justicia?

La verdad es que, de lo que me has contado, bien poco. Y ahora me arrepiento de ello. Creía que esa gente que se manifestaba, que gritaba y se concentraba exigiendo cambios y revoluciones eran personas marginales, inadaptados que buscaban su protagonismo de la única forma en que podían sentirse importantes, y que no habían sabido situarse en la sociedad que les había tocado vivir.
 
Bueno, hay veces que nos toca vivir en una sociedad para cambiarla, para hacerla mejor, para contribuir a que sea más justa o más humana. Y esa resignación de la que algunos grupos han hecho una virtud excelsa se convierte en ocasiones en abdicracia, en no querer asumir retos, en dejar que los demás trabajen, decidan o luchen por mejorarnos a todos mientras los observamos desde la barrera. Si es así no tendremos derecho a reclamar después sitio en un mundo mejor. ¿No crees?
 
Sí, es una lástima no haber sido consciente de eso antes. Ahora ya es tarde. Lo siento … La voz de Eyp mostraba su pesar y su arrepentimiento, y un poco de sentimiento de culpa por lo que acababa de descubrir. La Luz se tornó cálida de nuevo y abrazó al pequeño Eyp que se sintió inmediatamente confortado por ella.
 
No te entristezcas, no te culpes, no estoy aquí para juzgarte. Simplemente estamos repasando cómo ha sido tu paso por la vida en algunos aspectos importantes para tu condición de ser humano. Pero esta experiencia de la revisión también es importante en sí misma. Por ejemplo, ¿has notado la paz de este momento?
 
La Paz
 
Sí, Luz, es algo extraordinario. Nunca pensé que la sensación de paz pudiera llenar tanto y ser tan maravillosa como parece ser aquí.
 
¿Qué ha habido de paz en tu existencia reciente?
 
Bueno, no mucha, la verdad. En el mundo parecía que había que estar permanentemente en guardia, con la coraza puesta para evitar que otros se aprovecharan de mí. Que había que pelear cualquier pequeño logro, cualquier objetivo que se quisiera conseguir, y luego seguir luchando para mantenerlo porque siempre habría alguien al acecho para arrebatármelo. Eso sin contar con que a nivel de grupo social, de países, de religión, de cultura teníamos que demostrar estar en la mejor posición, en posesión de la verdad y la autenticidad, mientras que los otros hacían lo mismo. Muy pocos momentos de paz, casi siempre en pié de guerra contra el enemigo.
 
Ah, la guerra. No hay nada más antinatural y más aberrante para el ser humano que la guerra. Es la oscuridad más absoluta, la ignorancia más dolosa, la inconsciencia más densa y más depravadamente fría. Y todos los sucedáneos de ella participan de algún modo en sus bajas vibraciones. La paz, en cambio, es el estado natural en el que debías haber vivido, en el que deberíais vivir todos porque sólo a través de ella se puede expresar verdaderamente la condición humana. E incluso cuando hace falta arrimar el hombro para cambiar algo que está desenfocado, que ya no nos sirve o que no es natural siempre hay una vía para hacerlo de una forma pacífica, puede que firme pero serena, sin agresividad, sin querer dañar o destruir al que tienes enfrente. Hay que desterrar las batallas y utilizar en su lugar la creatividad, el buen humor, la comprensión, la comunicación… Sólo así se consigue una sociedad humana verdadera. Lo demás sería continuar con sociedades anteriores donde se creía que en el vivir sólo cabían dos posibilidades, matar o morir. Y eso es propio de seres no racionales, no de seres humanos que ya quieren expresarse como tales.
 
Sí, pero “ahí abajo” si no te mostrabas agresivo te comían. Tenía que estar demostrando permanentemente que era alguien, que era valioso, que era importante y eso sólo se puede lograr si sobresales sobre los demás, si eres mejor que otro, si le puedes vencer en el terreno que sea.
 
Mi querido Eyp, nunca existió tal reto. Nunca se te pidió que fueras más o mejor que los demás, que los superaras en tal o cual capacidad, en tal o cual habilidad, en tal o cual logro. Sólo tenías que expresarte tal y como eres de verdad. Si creíste que tenías que estar permanentemente en guerra con los semejantes fue porque en realidad querías sentirte apreciado, sentirte querido, y no viste otra forma de hacerlo, Pero te aseguro que la hay, y es vivir en paz, irradiarla desde tu corazón y hacer que todo tu entorno recuerde que ellos también son así y juntos disfrutar de vuestras existencias de una forma mucho más plena y más feliz. No es posible alcanzar la felicidad si no hay paz, ¿entiendes eso?
 
Sí, lo entiendo. Pero la felicidad es algo tan lejano, tan difícil de alcanzar, tan utópico…

El Amor
 
Ya, algo muy lejano y utópico. Bueno, dime, ¿por qué lo crees así?
 
Porque es así como lo he vivido, y es más, no he conocido a nadie que se declare completamente feliz.
 
¿Nadie? Bueno, si es así ¿por qué crees que ha ocurrido eso?
 
Porque nuestra naturaleza o nuestra evolución no nos lo ha permitido.
 
¿Qué crees que sería necesario para ser feliz?
 
Bueno, me imagino que el tener éxito en todas y cada una de las áreas donde hubiera puesto mi interés. Y aparte, ser reconocido y ser querido por mucha gente, por toda la gente. Gozar de buena salud y riqueza material. Sería más o menos así.
 
Ajá, ya veo. Tal y como lo describes estoy de acuerdo en que es extremadamente difícil alcanzar la felicidad en la tierra. Pero me gustaría compartir contigo otra visión de la felicidad. ¿Y si ser feliz no consistiera en tener éxito profesional y material? ¿Y si no se tratara de ser reconocido y querido por todos, y si no se tratara de medir los logros externos sino sentirse bien con uno mismo, con tu interior, con tu verdadera forma de ser? ¿Sabes qué creo? Que la felicidad consiste en expresarte tal cual eres. En pensar, hacer y vivir de acuerdo a tu corazón, que es lo más interno, lo más básico y primordial del ser humano. ¿Y sabes de qué está hecho tu corazón? ¿Cuál es la materia prima de lo más auténtico y genuino de ti? El amor. Es la materia prima de la materia prima del ser humano. Esa chispa divina de la que hablamos antes no es más que una pequeña lucecita de amor que se va revistiendo de capas y capas hasta formarte como eres. La felicidad está entonces en poder expresarte siempre como eres, en saber mirar dentro de tu corazón, reconocer el amor que lo creó y le dio forma y expandir esa naturaleza hacia fuera. Claro que hay gente que no ha mirado nunca ahí, otros han reconocido la grandeza del amor que se encuentra en su corazón pero no han sabido vivir de acuerdo con él. Pero hay otros que sí han podido y han sabido expresarse y esos son los que han sido y son felices. Y te puedo asegurar que son bastantes más de los que crees. No se trata de que todo les haya salido bien, sino que han vibrado con el amor que fue su semilla, la han cuidado y esa planta ha florecido porque han sabido airearla, sacarla fuera y hacerla crecer bella y armoniosa. Esa semilla está en todos y cada uno de los seres humanos. Te diré también que la medida del amor que ha llenado una vida no se encuentra en el amor recibido sino en el amor que uno ha dado. Si dependiera del amor recibido la vida dependería de los otros, de su voluntad y acierto para contigo y creo que ya ha quedado claro que todo el poder de tu vida reside únicamente en ti. Siempre y en todos y cada uno de tus aspectos. El poder del amor de tu vida lo tuviste siempre tú. Y el amor, por propia naturaleza, es expansivo, para completarse tiene que expresarse, tiene que tener alguna forma de realización. Si se queda dentro, si no se expande y se expresa no está completo. ¿No te diste cuenta de que eras más feliz, de que vibrabas de una forma mucho más especial cuando expresabas tú el amor que cuando lo recibías? Sí, ya sé que recibir es algo agradable pero no tiene la misma fuerza que el dar. Y esa es una buena manera de expresar el amor. Dar. Dar alegría, dar comprensión, dar compañía, dar cariño, dar ternura, dar pasión, dar entrega, dar amistad, dar tiempo, dar serenidad, dar paz, dar ilusión, darte a ti mismo. Nunca te equivocaste cuando te diste a los demás. Hay infinidad de formas de dar, o lo que es lo mismo, hay infinidad de formas de expresar el amor. Porque estamos hablando de un amor verdadero, no el que pretende recibir algo a cambio, sino el que es desinteresado, el que no necesita una contrapartida, el que se completa por sí mismo sin esperar resultados. El amor que no mide la cosecha porque entiende que es feliz con la siembra, sólo con eso, no necesita beneficios posteriores. Querido Eyp, todos tenéis esa chispa divina, tú también, y todos habéis podido ser felices. Si no lo habéis sido es porque no lo habéis querido así. Es fruto de vuestra propia elección. Pero no te preocupes, siempre tendrás alguna ocasión más para alcanzarla.
 
Eyp se había quedado asombrado y descolocado ante la exposición de la Luz porque mientras asimilaba los conceptos había recibido una ráfaga, la más intensa hasta ese momento de una vibración potente procedente de Ella que supo que era amor puro. Y así, bañado en ese océano de amor, apenas podía articular palabra o pensamiento alguno, Sólo vivía la felicidad del momento al recibir pero, sobre todo, al emitir una sensación de amor reverencial hacia la Luz. Y pasado un tiempo, no sabía si segundos u horas, acertó a formular desde su ser otra pregunta.
 
Creo que ésta es la revisión de mi vida, y creo que estoy en Tu Presencia, la presencia de Dios mismo que no me juzga sino que me acompaña, me aclara y me ama … Pero algo que has dicho antes me interesa, ¿crees que podré tener otra oportunidad para expresar todos esos valores humanos, para intentar realizarlos en el plano físico, para vivir de nuevo?
 
Esta vez la Luz se mostró mucho más abierta en su risa, que sonó e iluminó todo completamente mientras Eyp oía:
 
Oh… crees que soy Dios. Mi querido Eyp, yo no soy Dios, yo soy … tú mismo.
 
Abrí los ojos en ese instante y las formas borrosas de los primeros segundos se fueron perfilando y definiendo hasta que vi con claridad la ventana del hospital que el viento azotaba desde fuera, una enfermera “leyendo” una gráfica que formaba un rollo bastante largo y las manos de Lucía que acariciaban suavemente las mías mientras me sonreía al comprobar que abría los ojos.
 
Hola cariño, llevas un buen rato dormido. Y parecías estar muy profundo, como si estuvieras muy lejos. De hecho la enfermera ha entrado hace dos minutos con esa gráfica que está repasando porque dice que hubo unos momentos, unos segundos tan solo, en que tus constantes vitales descendieron en picado y se recuperaron de igual forma muy rápido. Y vino a ver como te encontrabas. ¿Has dormido bien?




              


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